jueves, 7 de julio de 2016

Blair, en el basurero de la historia (¿Y España?)

JUANCHO DUMALL Director Adjunto  @JuanchoDumall

EL PERIÓDICO  -  JUEVES, 7 DE JULIO DEL 2016

El historiador Paul Preston, firme partidario de la permanencia del Reino Unido en la UE, ha dicho a propósito del resultado del referéndum que lo peor del brexit es que «los líderes partidarios de la salida han mentido descaradamente». Se supone que en una democracia tan antigua y tan seria como la británica, el no decir la verdad a los ciudadanos tendría una fuerte penalización. Pero no ha sido así.

No fue así tampoco en el caso de la segunda guerra de Irak, impulsada por el nefasto presidente norteamericano George W. Bush y jaleada por dos aliados europeos incondicionales: Tony Blair y José María Aznar. Los tres personajes se fotografiaron para la posteridad en las Azores en marzo del 2003 antes de que Estados Unidos desencadenara una guerra cruel, ilegal e injusta. Trece años y decenas de miles de muertos después, una comisión independiente ha concluido, tras una investigación exhaustiva, que el Gobierno británico de aquel momento, presidido por el laborista Blair, no solo no dijo la verdad sobre el conflicto de Irak, sino que exageró los informes sobre unas armas de destrucción masiva en manos de Bagdad que nunca aparecieron, ni fueron utilizadas, sencillamente porque no existían.

Días tenebrosos

Sobre Blair y su Gobierno ha caído al menos el pesado veredicto de la historia, pero en España todavía no se ha realizado el ejercicio retrospectivo de analizar con detalle las decisiones de aquellos días tenebrosos. Se ha ido sabiendo que el Gobierno de Aznar se alineó en todos los terrenos -incluidas las Naciones Unidas, donde el embajador Inocencio Arias hizo todo un papelón- con las tesis belicistas de la Casa Blanca. El entonces presidente español no ha hecho jamás una autocrítica, ni ha reconocido errores de información y, por supuesto, no ha pedido disculpas. Tampoco lo hizo tras desplegar la delirante teoría de la conspiración por el 11-M. Es decir, que el engaño premeditado y pertinaz a la ciudadanía no ha merecido censura alguna, lo que dice muy poco de la calidad de nuestra democracia.

¿Resistiría este país una comisión como la que ha arrojado a Blair al basurero de la historia?

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