lunes, 18 de julio de 2016

EL COLOR DE LA VIOLENCIA

Jorge Gómez Barata

En la historia de los Estados Unidos abundan los héroes de las guerras contra los indios, mas no los hay en la guerra contra los negros. La razón es obvia, los negros, que en África fueron cazados como fieras, vendidos como bestias, y obligados a trabajar como galeotes en el Nuevo Mundo, nunca fueron a la guerra.

Aunque no les faltaban motivos, los esclavos africanos carecían de medios y no estaban familiarizados con tal procedimiento. Por lo general, la cultura de las comunidades de donde procedían, aunque conocían de confrontaciones locales y circunstanciales, no habían llegado al estadío donde las guerras son instrumentos de liberación nacional y social. 

Las guerras, las conquistas, y el sometimiento de territorios habitados aparecen como producto de las civilizaciones avanzadas. Al igual que los pueblos indoamericanos, los africanos no sospecharon el destino que les deparaba a la llegada de los europeos. Ello explica la buena fe con que los recibieron. Cierta vez escuché a un profesor decir: “Malinche no traicionó a los suyos, Cortés la traicionó a ella, y la utilizó”. La explicación no me convenció del todo, pero desde entonces concedo a la joven azteca el beneficio de la duda.  

No obstante el crecido número de esclavos existentes en el Nuevo Mundo, especialmente en Las Antillas, Brasil, y los Estados Unidos, salvo casos aislados como el de Haití, donde el liderazgo negro autóctono y una singular coyuntura facilitaron el  levantamiento revolucionario, la rebeldía de los esclavos africanos se expresó más que en la lucha contra los blancos, en frecuentes sublevaciones locales, luego de las cuales se ocultaban en bosques y selvas, convirtiéndose en cimarrones perseguidos implacablemente*.

En el siglo XIX, allí donde fueron convocados y admitidos por los criollos, los esclavos africanos y sus descendientes se integraron y participaron en las luchas por la independencia. Los casos más relevantes fueron los de Cuba, en que formaron parte de la dirección de la lucha, y los Estados Unidos donde integraron unidades de combate durante la Guerra Civil. 
  
Lo cierto es que, a pesar de la rudeza y la injusticia de la esclavitud, la violencia contra los blancos no es algo que caracterice a los afroamericanos, actitud que explica el estoicismo con que durante casi un siglo, después de la abolición de la esclavitud, soportaron la humillante segregación, y la masividad con que respaldaron la prédica de Martin Luther King y lucharon sin violencia por sus derechos civiles. **

Ciento cincuenta y tres años después de la Proclama de la Abolición de la Esclavitud por el presidente Lincoln, a más de siglo y medio de la adopción de la 13º Enmienda que suprimió para siempre esa práctica, y sesenta después que se pusiera legalmente fin a la segregación racial, el racismo y los problemas asociados al mismo no solo no han disminuido, sino que experimentan un agravamiento que conduce a enormes tensiones, y a expresiones de violencia en aumento.

En estos días excepcionalmente tensos, se ha evidenciado una aleccionadora paradoja. Los hombres y mujeres que desde los más altos cargos de la nación lidian con los problemas generados por la incontrolable violencia policiaca contra los negros, pertenecen a ese sector del pueblo americano.

Afroamericano es Barack Obama, hijo de padre africano, quien en ningún momento ha usado los poderes de su cargo a favor de raza alguna, y con altura, se comporta como presidente de todos los norteamericanos. Negra es Loretta Lynch, Fiscal General de los Estados Unidos, que sin sectarismo trata de mantenerse serena y objetiva, y negro es David Brown, jefe de la policía de Dallas, Texas, cinco de cuyos efectivos fueron muertos en la airada y lamentable réplica.

Por ahora no hay peligro de una guerra racial en Estados Unidos, aunque las potencialidades para ello están siendo peligrosamente estimuladas, no por los afroamericanos ni por los líderes del país, convertidos en rehenes de agitadores racistas. Allá nos vemos.

La Habana, 13 de julio de 2016

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*Omito importantes eventos de rebeldía esclava en Cuba, Brasil, Santo Domingo, Las Antillas, Filipinas, México y Norteamérica que nunca configuraron guerras contra los blancos, sino reacciones contra la crueldad de mayorales y sicarios que además de hacerlos trabajar de modo extenuante, los sometían a los más inhumanos castigos. 

** En los años sesenta y surgieron expresiones con tendencias a la lucha armada como el partido de los Panteras Negras, y se enarbolaron consignas como “Poder negro” y otras que expresaron su decepción por los escasos resultados de las fórmulas no violentas.
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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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