martes, 12 de julio de 2016

EL SOCIÓPATA FUNDADOR DE ESTADOS UNIDOS

Por Manuel E. Yepe

Cuando hace dos años fue publicado un artículo del periodista Robert Parry sobre el debate entre Thomas Jefferson y Alexander Hamilton en los años iniciales de la existencia de los Estados Unidos de América, el saldo de la porfía entre esas dos importantes figuras de la historia norteamericana fue muy favorable a Jefferson. Pero el reciente gran éxito en Broadway del espectáculo musical "Hamilton" ha reabierto el entendimiento de los hechos, mostrando facetas poco difundidas sobre el lado oscuro de Jefferson.

Uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos y principal autor de la Declaración de Independencia (1776) de esa nación, Jefferson fue electo segundo vicepresidente de Estados Unidos (1797-1801) bajo el presidente John Adams y, en 1800, devino el tercer presidente del país.

Aunque Jefferson poseía numerosas plantaciones en las que laboraban cientos de esclavos, se le considera promotor de la democracia, el republicanismo y los derechos individuales, factores que motivaron a los colonos llegados a Norteamérica a romper con Gran Bretaña y crear la nueva nación.

Como es regla, el 4 de julio, aniversario de la proclamación de la independencia y fiesta nacional de los Estados Unidos, son muy difundidas las citas sobre los derechos humanos insertadas por Jefferson en la declaración de la independencia, en especial la frase que reza "todos los hombres son iguales."

“Pero en realidad Jefferson no creía mucho en eso ni en otras muchas cosas que dijo y escribió durante toda su vida. Él era, en realidad, un experto propagandista y un hipócrita de primera clase”, esclarece el periodista Robert Parry, en un artículo que publicó el reciente 4 de julio la revista Consortium News.

“Sin embargo, en lugar de proceder a un examen riguroso de las hipocresías de Jefferson, muchos estadounidenses insisten en salvaguardar su reputación. Desde la izquierda, para proteger los nobles principios contenidos en la declaración. A la derecha, por interés en subrayar los conceptos revisionistas de Jefferson insertos en la Constitución, en particular los que favorecen los derechos estaduales sobre las facultades del gobierno federal que él consideraba nociones “originales” del documento fundacional.

No obstante la referencia explícita en la Constitución que hace de la ley federal de "la Ley Suprema de la tierra", Jefferson explota el sentimiento persistente en relación con la supremacía de los estados.

A menudo trabajando detrás del telón, incluso cuando se desempeñaba como Vice Presidente en el gobierno del Presidente John Adams, Jefferson promovió el derecho de cada estado a anular la ley federal.

Así, Jefferson, quizás más que cualquier otra figura en la historia de Estados Unidos, clasifica como lo que realmente fue: un aristócrata absorto en sí mismo que tenía un conjunto de principios para él y otro para todo el mundo, según Parry.

Más allá de la flagrante contradicción entre su pronunciamiento de que "todos los hombres son creados iguales" y sus puntos de vista racistas acerca de los esclavos afroamericanos, también está el hecho de profesaba para los demás la frugalidad y la evitación de deudas en tanto que él vivió una vida de extravagancia personal, siempre en mora con los acreedores.

Otra prueba de esta ambivalencia, según Parry, es su famosa frase de que "el árbol de la libertad debe actualizarse de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos, que es su abono natural". Ésta, una de las frases famosas de Jefferson, sirve por igual al derechista Tea Party y a izquierdistas aspirantes a ser revolucionarios.

Pero la bravuconería de Jefferson era más floreo retórico que principios por los que estuviera dispuesto a morir. En 1781, tuvo oportunidad de exponer su propia sangre en defensa de lo que proclamaba cuando una fuerza leal dirigida por un traidor avanzó sobre Richmond, Virginia, estado del que él era entonces gobernador y Jefferson optó por huir para salvar su vida en el caballo más rápido que pudo encontrar, asevera Parry.

Sin embargo, Jefferson más tarde construyó su carrera política cuestionando el compromiso revolucionario de Alexander Hamilton y hasta el de George Washington, quienes sí arriesgaron sus vidas en la lucha por la libertad americana repetidamente.

Pero lo que muchos apologistas de Jefferson más han tratado de ocultar es su pavoroso expediente de racismo, que Parry ilustra con diversos relatos acerca de su conducta personal, familiar y social.

“Por desagradable que pueda ser para los estadounidenses, que prefieren -sobre todo en el cuarto de julio- reflexionar sobre la agradable imagen de Jefferson como el republicano aristocrático con refinado gusto por el arte y aficionado al libre pensamiento, es ya hora de identificar al autor de la declaración de independencia como la persona realmente era: un sociópata fundador de los Estados Unidos”, exhorta Robert Parry.

La Habana, Julio 8 de 2016


Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

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