martes, 26 de julio de 2016

LA DEMOCRACIA Y LA FE

Jorge Gómez Barata

Para asimilar los eventos que tienen lugar en Turquía, es preciso comprender que el conflicto no es exclusivamente y tal vez, ni siquiera predominantemente político. Se trata, entre otras cosas de una confrontación entre laicismo y clericalismo, un debate prácticamente desconocido en occidente donde perdió vigencia hace cientos de años.

Esa lucha comenzó en Turquía hace casi noventa años cuando la revolución liderada por Kemal Atartürk, estableció la república democrática y el estado laico que separó la religión del poder, suprimiendo el predominio político y administrativo del Islam y excluyó de la práctica social y de los estilos de vida sus regulaciones asociadas a la educación, las comidas, el vestuario y otras.

El establecimiento de la democracia en Turquía, estuvo ligado no solo a poner fin al poder de los jerarcas religiosos, sino a la más grande revolución cultural que en la era moderna se haya operado en un país musulmán, que condujo al establecimiento de la república, la democracia y el laicismo oficial y social.

El laicismo no excluye creencia alguna sino que iguala y protege a todas y las considera como un derecho y una cuestión privada de los ciudadanos que el estado respeta, como demuestra la experiencia de Turquía donde, a pesar de los cambios operados, más del 95 por ciento de la población es creyente islámica.

No obstante es preciso comprender que la fe y las creencias religiosas, así como sus prácticas, incluso aquellas que en la idiosincrasia occidental son incomprendidas, son fenómenos culturales ligados a siglos de tradición y a la espiritualidad, frente a los cuales no caben excesos ni funciona la represión.

  Por extraño que parezca, favorecido por procesos políticos más o menos conocidos, a partir de los años ochenta, como mismo ha ocurrido en muchos países, la popularidad del Islam ha crecido en Turquía, debido no tanto a un incremento de la fe como a fenómenos de carácter político.

A pesar de su acatamiento a la Constitución nacional, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, un político de amplia trayectoria y aceptables niveles de popularidad, favorece el renacer del Islam en su país. De ahí que algunos elementos temen que utilice la actual coyuntura para esos fines, en lo cual no está solo.

Según recientes investigaciones, el pueblo turco no solo es abrumadoramente creyentes en el Islam, sino que alrededor de un veinte por ciento es “extremadamente religioso” y apoya la reintroducción de ciertas prácticas confesionales, suprimidas hace casi cien años.

Paradójicamente, mientras en Arabia Saudita y otros países árabes y musulmanes, a la vez que se lucha por la democratización, se promueve la secularización de las costumbres públicas, los actos sociales, la educación, incluso la liberalización en la manera de vestir, en Turquía hay movimientos y fuerzas sociales que se oponen a ello. También ocurre en otros países.

Incluso hay opiniones acerca de que la prohibición del velo, el fez o turbante, la lengua árabe y otras manifestaciones son extremismos de otra naturaleza. En respuesta a ello, en las universidades y en las calles, incluso en el Parlamento aparecen mujeres con velos y vestuarios que le cubren todo el cuerpo, incluso el rostro.

Al respecto, en 2013, una conocida presentadora de la televisión pública (estatal) apareció en pantalla cubierta por un estricto velo negro, hecho que nunca había ocurrido. Interrogada al respecto consideró su gesto como un “Símbolo de la normalización en su país…” En 2014 una playa en Turquía fue reservada exclusivamente a mujeres.

En 2014 la administración de Erdogan autorizó el uso del velo por las niñas estudiantes de secundaria y puso fin a la prohibición a los empleados públicos de ataviarse con símbolos religiosos, incluido el vestuario. Al respecto se exceptuó al ejército, la policía y la magistratura.

Es prematuro afirmar que Turquía avanza la reislamización con todas las consecuencias culturales y políticas que ello traería, pero sin duda el asunto forma parte de un debate en desarrollo. Allá nos vemos.

La Habana, 23 de Julio de 2016

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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