jueves, 11 de agosto de 2016

AMISTADES PELIGROSAS

Jorge Gómez Barata

En la era global, cuando en la geografía política internacional se suprimen obstáculos y barreras, las ideologías pierden preponderancia, el ecumenismo gana terreno,  se aboga por la “unidad de lo diverso”, y la noción de enemigo se desdibuja. No obstante, ello no significa que prevalezca lo contrario, y que no existan amistades peligrosas.

El mundo de la política, como el del espectáculo está poblado de estrellas, héroes unos, villanos otros. Vladimir Putin es una de ellas. Occidente no le reconoce el discutible “mérito” de haber liquidado a la Unión Soviética, cosa que se reparte entre Gorbachov y Yeltsin, lo cual es falso. Aquel proyecto implosionó porque sus paredes no pudieron compensar las presiones internas y externas.

La hazaña de Putin fue realizar el control de daños, recoger los escombros, y refundar a Rusia, lo cual no es poco.

Putin que tiene más enemigos de los que quisiera, trata de hacer amigos, los dos más recientes Recep Tayyip Erdoğan y Donald Trump preocupan a Estados Unidos y a la OTAN, los dos grandes poderes fácticos del mundo global. Una defección del turco puede ser a la Alianza Atlántica lo que el brexit a la Unión Europea. Por otra parte, un presidente de Estados Unidos aliado del Kremlin alteraría los equilibrios de fuerza y la lógica de la ideología occidental. 

El reencuentro de Putin y Erdogan en San Petersburgo pasa la página del derribo del Su-24 en los cielos de Siria por un caza turco que, en su momento, el presidente ruso calificó como “una puñalada por la espalda”. Una “luna de miel” entre ambos países ensombrece los compromisos de Turquía con Occidente. De hecho la OTAN duerme con el enemigo.

Entre exóticos y extravagantes, los vínculos de Putin con Donald Trump, fríamente calculados por el ruso y adornados por el colorido que le aporta la ingenua insensatez del multimillonario estadounidense, son un riesgo que probablemente la élite norteamericana, bipartidista en cuestiones de seguridad nacional, no está dispuesta a asumir.

Al respecto no todo es novedad. En 1987, todavía en épocas de la Unión Soviética, el mogul* estadounidense visitó Moscú, y especuló con proyectos de construcción de hoteles. Un año después, durante un viaje a New York, Mijaíl Gorbachov lo visitó en sus cuarteles generales de las Trump Towers, en el corazón de Manhattan. 

En 2007 Trump hizo justicia al reconocer a Putin el mérito de haber reedificado  a Rusia. Y un año después fue lapidario: “Hace su trabajo mejor que nuestro Bush”. No es extraño que el Kremlin lo adore, sobre todo cuando los guiños a Moscú se acompañan con desplantes a la OTAN.

Obviamente el gobernante ruso no es amigo de Trump. Se trata de puro cálculo. El líder eslavo prefiere los peligros de la torpeza incompetente a la sutileza de la inteligencia. Con Trump Estados Unidos pierde. Él gana. Allá nos vemos.

La Habana, 11 de Agosto de 2016

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*El Gran  Mogul un gigantesco diamante desaparecido desde el siglo XV. Algunos creen que se encuentra entre las joyas de la corona británica.
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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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