martes, 23 de agosto de 2016

CONSTRUIR NUEVAS MAYORIAS

Jorge Gómez Barata

En América Latina, la derecha cambia los líderes y mantiene los programas, en cambio en la izquierda cada líder entroniza su propio programa. La primera posee una estabilidad que facilita el despliegue de procesos ideológicos de largo aliento, mientras la segunda es inestable y transitoria.

En la región, debido a la debilidad de las instituciones estatales y políticas, los líderes suelen desempeñar un papel desmesurado, situación favorecida por el predominio del presidencialismo. Los eventos en Argentina, Brasil y Venezuela, confirman la regla.

Después de que su partido fuera desplazado del poder, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, propone reflotar los proyectos de la izquierda, planteando la necesidad de “Construir nuevas mayorías”, para lo cual se requiere de nuevos enfoques, conceptos y estructuras.

El fondo radica en saber si se trata de llevar un candidato a la presidencia o de formular una doctrina y una plataforma programática que sirva a líderes, partidos y movimientos sociales para, mediante proyectos de largo plazo, tratar de alcanzar metas compartidas y viables, válidas para largos períodos y para todos los países.  

Si la propuesta de la ex presidenta se refiere a “mayorías electorales”, en cuyo caso se trataría de un fenómeno propio de la “política transicional” formada para las elecciones, es más de lo mismo y no vale la pena desgastarse para avanzar en círculos y cada  tanto regresar al punto de partida.

En cambio, si la referencia son procesos de envergadura estratégica, se requeriría de reflexiones que conduzcan a consensos políticos, a la creación de estructuras y a la formulación de programas y estrategias viables, capaces de generar desempeños que no dependan, como ocurre ahora, de la vigencia de los líderes.

Un elemento que no debe obviarse es que las mayorías electorales agrupadas en torno a líderes de la izquierda están formadas por sectores populares que unidos, mediante sus votos, deciden elecciones aunque, pasado ese momento fugaz, su influencia en los asuntos sociales se reduce considerablemente.

Por el contrario, aunque electoralmente derrotada, la oposición, cuya ideología sigue prevaleciendo, mantiene el control de las instituciones y las estructuras políticas, la economía, los medios de difusión, el ejército y los cuerpos de seguridad, en muchos casos los parlamentos y el poder judicial y casi siempre disponen de importantes apoyos externos. Pretender cambiar esas realidades en breves plazos, crea tensiones y, hasta ahora han fracaso.

Tal vez las nuevas mayorías a las que se refiere Cristina Fernández, incluyan no solo a los pobres que son muchos pero influyen poco, sino también a las clases medias, dueños de pequeñas y medianas empresas, intelectuales, académicos y otros sectores liberales, incluso a elementos de las llamadas burguesías nativas.

Se trata tal vez de formular programas basados, no en premisas ideológicas y consignas populistas, sino en el interés nacional, en el desarrollo y en el progreso general. La idea es que cuando el país progresa, lo hacen todos sus ciudadanos.

En los países escandinavos, así como en Alemania, Austria, Bélgica, al igual que en Japón, Taiwán, Corea del Sur y otros, no existe oposición radical al estado de bienestar. No se trata de aportar recetas sino de llamar al sentido común y al realismo. Allá nos vemos.

La Habana, 21 de agosto de 2016

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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