jueves, 4 de agosto de 2016

LA ARITMETICA DE ERDOGAN

Jorge Gómez Barata

Los golpes de estado siguen un patrón que los identifica. Ocurren cuando un sector de las fuerzas armadas, encabezado por algún general, se levanta contra el gobierno, lo derriba y coloca en su lugar a uno de los suyos o a una junta.

Las asonadas militares casi nunca fallan porque cuentan con la fuerza y la obediencia. La idea de separar el poder de las armas del ejercicio político, fue un hallazgo esencial de la doctrina democrática.

Salvo excepciones como las de Chile (1973) los golpes de estado no son de naturaleza ideológica, sino resultado de pugnas internas. Los golpistas que no vacilan en reprimir, sacan a las calles tropas, tanques y aviones, no para utilizarlos contra la población, sino para intimidarla y neutralizar a los partidarios del gobierno.

Salvo excepciones, los sublevados pertenecen a sectores extremadamente conservadores, y sus víctimas más frecuente son los gobiernos liberales, nacionalistas o populistas. Contra aquellos que adoptan una retórica socialista o son tildados de marxistas, el golpismo opera prácticamente de oficio.

En Americe Latina han sido frecuentes las situaciones en que elementos civiles pertenecientes a las oligarquías gobernantes, insten a los militares reaccionarios a levantarse contra gobiernos que por alguna razón no son de su agrado. En estos casos los imperialistas conspiran, aplauden o miran para otro lado.

Este esquema ha hecho aguas en Turquía. Quince días después no se conocen a los cerebros y autores del golpe y tal como operan las contramedidas del gobierno, las víctimas de la represión van desde generales y coroneles, oficiales de menor graduación hasta maestros, profesores, rectores, periodistas e incluso cadetes.

Lo más revelador de las intenciones del gobierno son las desmesuradas cifras de detenidos y destituidos, así como la ausencia de exiliados o prófugos. Llama poderosamente la atención que los detenidos que debieran saberse buscados no se ocultan, no pasan a la clandestinidad ni oponen resistencia. Pudiera decir que la acción los sorprende.

Según las primeras informaciones unas 60 mil personas fueron inmediatamente expulsadas o suspendidas de cargos burocráticos, de las fuerzas armadas, los servicios judiciales, el ministerio de Finanzas y de centros académicos. En los primeros días fueron detenidos más de ocho mil militares, incluyendo a 163 generales y almirantes, quizás la mitad, del generalato de uno de los ejércitos más numerosos de Europa. 

Aunque los golpistas suelen suspender las clases para evitar la movilización del estudiantado, resulta extraño que sientan la necesidad de clausurar más de mil escuelas privadas, cerrar 1 299 organizaciones de caridad, 19 sindicatos y 35 instituciones médicas, todas por supuestos vínculos con el líder religioso Fethullah Gülen, antiguo aliado y ahora principal acusado de promover el golpe de estado.

Diversas fuentes citan entre detenidos y cesanteados: 21 mil profesores de centros privados y 15 200 del sector público, 1 577 decanos de facultades universitarias, 8 mil 777 empleados del Ministerio del Interior, 1 500 funcionarios de Finanzas, 257 trabajadores de la Oficina del Primer Ministro, un gobernador provincial, 29 exgobernadores, 52 responsables de distritos, 12 conserjes de edificios públicos, casi dos mil jueces y fiscales y alrededor de 200 periodistas de más de 100 órganos figuran entre suspendidos y detenidos.

En amplios círculos gana terreno la sospecha de que la purga emprendida por el gobierno se propone neutralizar a partidarios de la democracia liberal y el  laicismo cuyas posiciones contravienen los proyectos pro islámicos de Erdogan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo.

Para occidente lo más preocupante es que la llamada depuración en las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia, pudieran alterar drásticamente los contactos y las coordinaciones con la OTAN. Las discrepancias con Estados Unidos y la aproximación a Rusia, son elementos preocupantes.

El intento de golpe de estado fue un atentado a la democracia, no a un demócrata, Erdogan no lo es. Al respecto la sentencia que se le atribuye lo retrata de cuerpo entero: “…La democracia es como un autobús que se toma para llegar a tu destino, y luego te bajas"…Allá nos vemos.

La Habana, 3 de agosto de 2016

……………………………………………………………………………………………………………………………………………
*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


No hay comentarios:

Publicar un comentario