miércoles, 28 de septiembre de 2016

EXTRANJEROS EN CUBA: ¿VOLVERÁN?

Jorge Gómez Barata

El fin del bloqueo norteamericano, que a pesar del repudio mundial y las gestiones del presidente Obama tarda en llegar, supondrá para Cuba un control de daños que abarcará su historia reciente, sus estructuras sociales, la práctica y la psicología social. Nadie crea que será fácil, rápido e indoloro. Todo lo contrario.

Por lo general los extranjeros en Cuba son turistas o estudiantes, raras veces residentes en la Isla, donde es extraño encontrar personas de otros países que laboren en empresas cubanas, operen negocios propios, trabajen en medios de difusión masiva, o enseñen en escuelas y universidades.

El internacionalismo de los cubanos no es político sino genético. Nació con la nación constituida por gente llegada de fuera, se forjó en luchas emancipadoras y, entre otras formas, se expresó en la capacidad para asimilar en su tierra a personas de todo el mundo.

En 1898 la isla, originalmente poblada por españoles, africanos, chinos y sus descendientes fue ocupada por Estados Unidos, y en 1902 se proclamó como República. Ambos sucesos determinaron un aumento de la emigración hacia el país. Con los ocupantes estadounidenses, se incrementaron los inversionistas de aquel país. 

El censo levantado por los norteamericanos en Cuba en 1899 arrojó una población total de 1 572 797 personas. De ellos 129 240 españoles, que en 1933 aumentaron hasta 227 104. Al sumar sus familiares, la colonia hispana del momento era de más de 800 000 almas. Los chinos sumaban más de 100 000.

Para esa fecha, los africanos importados como esclavos se habían reducido a menos de 13 000, aunque sus descendientes nacidos en la Isla eran numerosos. Los norteamericanos alcanzaban la cifra de unos 7 000. En conjunto la colonia extranjera en Cuba sumaba 172 535 almas. 

Debido al auge de la industria azucarera y otras ramas se adoptaron normas migratorias que facilitaron el ingreso masivo de extranjeros, entre ellos haitianos y jamaicanos. Alrededor de la Primera Guerra Mundial hubo una oleada de emigrantes españoles.

Treinta años más tarde, en el primer tercio del siglo XX convivían en Cuba alrededor de 400 000 extranjeros. Entre ellos, además de españoles y muy pocos sobrevivientes africanos, había yucatecos, latinoamericanos, árabes, suecos, judíos, incluso hindúes.

En la Isla de Pinos los norteamericanos formaron varios poblados, y se registró fuerte presencia japonesa, caribeña y europea. En Oriente fundaron la colonia de Omaha, y en Camagüey La Gloria City. En esa época, los residentes extranjeros superaban el 11 por ciento de la población, y se cuenta que había más norteamericanos en Cuba que cubanos en Estados Unidos.

Los extranjeros radicados en la Isla, en su mayoría pequeños y medianos industriales, comerciantes, y agricultores, y no pocos profesionales, se encontraron atrapados por las conmociones políticas derivadas del triunfo de la Revolución en 1959. Los éxodos migratorios provocados por la política norteamericana, la rápida transición al socialismo, y la nacionalización de los pequeños negocios determinaron que en su inmensa mayoría se marcharan de Cuba. En 2012 el número de residentes extranjeros era de unos 6.000.

La forzada “nacionalización demográfica” fue un daño colateral del aislamiento al que durante medio siglo el país ha sido sometido, especialmente por el bloqueo norteamericano, que al ser levantado, pudieran ser contrarrestados con eficaces políticas migratorias, y con la generación de incentivos que favorezca el interés de personas nacidas en otros países por radicarse en Cuba y vivir felices allí.    

La presencia extranjera enriqueció a la cultura, el carácter y la psicología nacional, neutralizó las actitudes racistas, e hizo de los cubanos gente abierta y tolerante. Se trata de un daño no económico del bloqueo, y de un activo que la nación cubana debe rescatar. Allá nos vemos.

La Habana, 28 de Septiembre de 2016

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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