domingo, 11 de septiembre de 2016

LA IZQUIERDA Y LA REALIDAD

Jorge Gómez Barata

En el relampagueante éxito de la Nueva Izquierda Latinoamericana se conjugaron las frustraciones y las crisis derivadas del fracaso neoliberal y un desplazamiento de las fuerzas progresistas, que les permitió formular agendas moderadas e inclusivas, y hacer funcionales los mecanismos institucionales establecidos, en primer lugar, las elecciones.

Los resultados fueron óptimos. En rápida sucesión se establecieron los gobiernos de Hugo Chávez (1999), Lula (2003), Tabaré Vázquez (2004), Evo Morales (2006), Rafael Correa (2007), Fernando Lugo (2008), Mauricio Funes (2009), José Mujica (2010), Dilma Rousseff (2011) y Salvador Sánchez Cerén (2014).

No eran políticos tradicionales, tampoco radicales. Sus plataformas se caracterizaron por el nacionalismo, la inclusividad, y por la voluntad de saldar la enorme deuda social de cada país. Todos ejercitaron la solidaridad, se esforzaron por concertar acciones, aportaron a la unidad latinoamericana, y avanzaron en la integración regional.

La reacción no se hizo esperar y se desató una feroz lucha. Las oligarquía y burguesías nativas, dueños del capital, de los medios de producción, y de los órganos de difusión, se atrincheraron en los parlamentos, las instituciones judiciales, los altos mandos militares y policiacos, y las jerarquías religiosas conservadoras, que con fuerte respaldo externo, se lanzaron a la reconquista de las posiciones perdidas, articulando una ofensiva restauradora.   

Aunque no constituye un desastre, pues existen cinco gobiernos con ese perfil (Venezuela, Bolivia, Uruguay, Ecuador y El Salvador), el sector progresista de la política latinoamericana atraviesa por una situación que puede conducirlo a la perdida de las posiciones alcanzadas, como ha ocurrido en Paraguay, Brasil y Argentina.

El examen de las causas que han motivado esos reveses es vital para consolidar lo alcanzado y evitar nuevos contratiempos, entre los cuales figuran la actividad de la derecha y el imperialismo, que forman alianzas y maniobran para recuperar sus posiciones.

A ello se suma la inexperiencia de los líderes populares en el ejercicio del poder, dificultades para trabajar al interior de las instituciones, tácticas inadecuadas, alianzas fallidas, falta de unidad y cohesión, a lo cual se añade la vulnerabilidad de ciertos elementos a la corrupción, así como sectores populares, incluidos obreros, indígenas, y cooperativistas que ceden a las manipulaciones y lamentables errores políticos de la propia izquierda.

En este cuadro, no es posible omitir la presencia de factores casuales como la prematura muerte del presidente Hugo Chávez, la crisis económica internacional, incluida la disminución de los precios y la demanda de materias primas, en primer lugar el petróleo, lo cual ha restado recursos para el despliegue de nuevos programas sociales.

Los retrocesos y las maniobras hostiles contra los gobiernos populares demandan reacciones internas y externas, así como estrategias concertadas de cara a las elecciones y otros eventos políticos que se avecinan. Es de vital importancia evitar la repetición de maniobras institucionales como las realizadas en Brasil y Paraguay, que escamotean los resultados de las elecciones populares, y que ahora mismo están en marcha en Bolivia y Venezuela. Allá nos vemos.

La Habana, 10 de septiembre de 2016

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente

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