martes, 20 de septiembre de 2016

Sobre lo alternativo y lo revolucionariamente correcto en Cuba

Por J. A. Téllez Villalón

Las siguientes notas están motivadas- y contextualizadas- por el entramado  de diálogo y confrontación, entretejido  por los artículos y comentarios en los blogs La pupila insomne de Iroel Sánchez, Cartas desde Cuba de Fernando Ravsberg, La Joven Cuba de  Harold Cárdenas (et. al)  y reflejadas en sus variopintos  matices en Segundas citas de Silvio Rodríguez. Controversia  nada ajena a otras, no tan recientes, pero latentes aún. 

Cuadrilátero frente al cual penden mil alternativas. Una,  optar  por  interpretar que el llamado de uno de los contendientes a mirar lo que pasaba en Brasil, Argentina  o Venezuela, no era  solo una vía de escape ante el fuego cruzado  que lo martirizaba en su propia cuenta de  facebook [1], sino un llamado  válido en el espectro revolucionario de un bloguero, un periodista y/o un cubano de a pie. Acción que  asumo necesaria y oportuna, pero más provechosa desde posturas humildes –“menos allá” de creernos “faro de la izquierda regional”-, desde la sensibilidad de los aprendices.

Es decir, desde la valoración reflexiva  no solo de la macropolítica  realidad que nos llega, sino de la micropolítica cotidianidad que hemos de buscar; para beber de las experiencias del heterogéneo Sur político. De los que difunden sus ideas  desde los territorios insubordinados de los Sin Tierra, transfunden alternativas subjetividades por las  grietas virtuales del Sistema Hegemónico y se liberan por  las radios  comunitarias de las favelas cariocas  y los caraqueños cerros.

Experiencias sedimentadas  y luego socializadas en los textos cristalinos  de Paulo Freire, Frei Betto y Félix Guattari; tan cercanos a estas prácticas tan revolucionariamente alternativas, por exitosas en eso de “problematizar la operación colonial en el inconsciente y contribuir a desactivarla” [2].

Guattari, por ejemplo  nos dijo: “Lo que define una experiencia alternativa es su carácter procesual” [3]. De lo que entiendo que se puede ser alternativo  hoy y dejarlo de ser mañana. Que es una  condición que se construye cada segundo como diferenciación de lo impuesto, serializado y monótono. 
 
También aclaró que “Las alternativas pueden ser tanto macro como micropolíticas”.

A lo que sumo  estos  otros  dos criterios, nacidos de mi observación y mis lecturas,  y  con valor orientativo en nuestro contexto:

•Lo calidad alternativa de una  propuesta es  inversamente proporcional al poder financiero que lo sustenta.

•La alternativa revolucionaria, “tira pa´l sur”, es decir echa su suerte con los “pobre de la tierra”, con los subalternos, con los humildes y explotados,  con el pueblo.   

Pero aclaro: ninguno  por si solo  deviene necesario y suficiente. De modo que puede que El Toque, tenga  menos presupuesto que TeleSur o Almayadeen y resulte  menos alternativo que estos frente a la CNN.

De lo que se deduce que una bitácora personal arriesga su carácter alternativo  y se  mutilan los grados de libertad de los que escriben en él, en la misma medida  que  cae en la trampa o en la regla de juego de los mass media dominantes. Si por ejemplo,  persigue a toda costa y costo, más y más lectores.

Al final, asegurar la  visibilidad de un blog y el engagement con grandes cifras de  seguidores tiene su costo. Depende  del servidor que lo aloja por una parte y por otra de  la interactividad y actualización del sitio, de  la  exploración en profundidad de los que circula en la red, de la gestión con inmediatez  de los comentarios… y todo ello, de la conectividad que alguien paga. Y  como es lógico- en la pre-historia en que vivimos -, tanto  Liborio como  el Tio Sam, defienden sus intereses.

Ante lo que vale, asistirnos otra vez de Guattari: “La cuestión de la censura solo se plantea como problema para un tipo de producción cultural que, en última instancia no cuestiona la propia estructura de los medios de comunicación de masas”.

Si bien defiendo que en la escala de lo revolucionario,  la variable preponderante es el contenido, en qué medida  se corresponde  al comportamiento del que lo produce y en qué grado  su discurso r-evoluciona el estado de cosas que condiciona la felicidad de su gente. Que como  la mayoría de los protagonistas de esta controversia proclaman somos nosotros, los cubanos.

Aunque ese “nosotros” sea tan relativo como aquel “todo” tan recorrido por todos, pero no “por el bien de todos”, la verdad. Y me refiero para ser más preciso a algunos de los que saltaron en defensa de Harold, que imagino él hubiese preferido, que ni aparentemente,  aparecieran  como aliados. 
    
Un “nosotros” que es en rigor la mayoría y al margen de estas discusiones - aun teniendo muchas motivaciones  y criterios que aportar-, por estar desconectada  de la red de redes, o por estar inmensos en la producción de bienes y servicios, tan  o más importantes  que esta producción de subjetividades.  Los que sostienen la conectividad de unos cuantos de los participantes, su  salario y las “horas nalgas” frente a una PC, pendientes de cuánto escriben su “adversarios” y sus   “fans”,  gestionando las repuestas a los cometarios...

Mayoría que –mayoritariamente- critica a su prensa, cual  lo hacen los mismos periodistas Congreso tras Congreso y a la que se “empuja” a legitimar tanto lo alternativo a los medios internacionales de la  desinformación como lo alternativo a la  prensa institucionalizada, sufragada por ellos. Aunque considere posible, para criticar a nuestra prensa y sus vacíos informativos, alternativas contrapuestas a la de honrar- inmerecidamente- a quien no quiere su  bien. 

Y que se puede equivocar como nos  recordara Ubieta. Porque “La verdad, en términos sociales, no puede ser ajena a la ética, a la justicia. Y un revolucionario no puede defender la corriente de moda, aún si fuese acatada por la mayoría de la población, o de los jóvenes, solo porque coyunturalmente la mayoría lo piense; pero es costoso para el prestigio individual ir a contracorriente, y es sin embargo imprescindible, si somos o aspiramos a ser revolucionarios.”[4]

Ser revolucionario tiene también un carácter procesual. Exige ser consecuentes, errar  pero no negarnos nosotros mismos, de acto o de palabra. Aunque crea  humano que se nos escape una frase desacertada en un post o unos  comentarios hijos de la soberbia o la inmadurez, la impotencia o la prepotencia.    

En mi opinión exige, desintoxicarnos de  posturas absolutistas, que  se avienen más a las sillas de los poderosos que a los que “hacen el camino al andar”. A los revolucionarios nos  quedan mal  afirmaciones como que nadie sabe qué es lo revolucionario en Cuba. Golpeando así el hegemónico orgullo de ser compatriotas de  uno de los más  alternativos líderes de la  eterna Revolución por la salvación humana. Que  por demás, es un riguroso  hacedor con la palabra.

No se me olvida aquella mañana del 1 de mayo del 2000, ni aquel instante en que cual  un resorte me puse  de pie con su “Revolución es….” Minutos antes me había vencido el cansancio y escuchaba sentado. Había llegado a la Plaza a inicios de  la madrugada, junto con los más sacrificados de aquellas jornadas,  nuestros hermanos de la entonces Provincia Habana. Bien de pie, escuché su reflexiva  definición y la emoción me llevó a la certeza que era testigo presencial de un hecho histórico, solo comparable- al menos en mi historia personal - con aquella noche de enero,  al finalizar la marcha de las antorchas, que en el Parque Central  aseveró que  Cuba sería un eterno Baraguá.
              
De modo que interpretarla  y ser consecuente con esta conceptualización del Comandante, es una  buena manera de  ser revolucionario. Conscientes como P. Freire de que “No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión” y “Decir la palabra verdadera es transformar al mundo” [5].

Por otro lado, considero posibles credos y comportamientos alternativos a los  extremistas  y articular disímiles tácticas revolucionarias para  enfrentar unidos las poderosas fuerzas que se nos contraponen “dentro y fuera del ámbito nacional e internacional”.

Urge, como interlocutores del cada vez más  complejo y necesario  “diálogo  cubano”, liberarnos del tradicional y empíricamente efectivo “método y estilo” con el que confrontamos a nuestros enemigos. Descolonizarnos de  la eurocéntrica herencia positivista, que nos conduce al bipolar presupuesto: estás conmigo o contra mí, eres de izquierda o de derecha,  soy verdaderamente alternativo en la misma medida en que no lo eres… Pese a la persistencia de los teóricos paradigmas de la complejidad y la aplastante realidad que nos enseñan otros matices  sobre el blanco y el negro o el on y el off.  

Vale intentar hasta el último combate defender la Revolución sin levantarnos sobre los cadáveres de los que pudieran ser “compañeros de viaje”, ni  arremeter en pandilla contra el árbol caído por el propio peso de  su inconsecuencia.

La Habana, 20 de Septiembre de 2016


1.       https://lapupilainsomne.files.wordpress.com/2016/09/crc3b3nicas-de-un-debate-3.pdf
2.       Ver de  Suely Rolnik, Prefacio a la edición cubana del libro Micropolítica. Cartografías del deseo.
3.       Las frases de Félix Guattari son tomadas de la ya citada  Micropolítica. Cartografías del deseo, disponible en: https://docs.google.com/file/d/0ByKFx7W1FnUXNjNmNzI0OTMtOTFhOS00ODRkLWE4Y2UtOTFlZTEyZGIzZTA3/edit     

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