martes, 4 de octubre de 2016

DONDE EL GANADOR SUELE SER EL MENOS MALO

Por Manuel E. Yepe

“En Estados Unidos, ni demócratas ni republicanos tienen en sus respectivos partidos, ni remotamente, una representación razonable de la población nacional en las dos áreas críticas que dividen a la nación: la raza y la economía... Y ese solo  hecho plantea, como nunca antes en la historia de la nación, problemas insuperables para la gobernación y provoca un estancamiento sistemático que obstaculiza la negociación, porque añade graves impedimentos en la selección y en la aceptación de liderazgos que deban ser reconocidos al nivel social. En Estados Unidos, en todas las elecciones, el más consistente ganador es el menos malo”.

Así lo interpreta el veterano periodista estadounidense Ben Tanosborn, en su sitio digital dedicado a tratar temas sociopolíticos de los cinco continentes y todas las culturas “con el ánimo de que sus lectores se conviertan en embajadores de buena voluntad de su nación”.

El ascenso de Hillary Clinton a la nominación demócrata es un vívido ejemplo de cómo un probable perder en elecciones generales -si el partido republicano hubiera presentado un candidato “normal”- prevaleció sobre el honesto Bernie Sanders.

Tanosborn afirma que los políticos tradicionales en Estados Unidos no reconocen la estridente disonancia racial que todavía impregna a la nación. “Tal discordia racial está siendo tratada de la misma manera ciega, sorda y muda con que tratamos la existencia del sistema métrico decimal, es decir, con la esperanza de que desaparezcan el uno y la otra, sin empeño alguno de nuestra parte”.

Dado que el duopolio político en Estados Unidos no funciona y ni ofrece esperanza ni futuro para una sociedad cohesionada, el periodista propone una solución tan simple como ilusoria: “Si pretendemos un futuro más brillante y optimista para todos, no sólo para menos del 20 por ciento de nuestra población como lo hacemos hoy, Estados Unidos tendría necesidad de acercar a la mesa del juego político a otras personas e ideas, y no continuar con la “demo-repugnancia” (demócrata-republicana) que se nos ofrece como una única vía para alcanzar bienestar físico y económico, así como la brújula moral para todas las circunstancias”.

Tanosborn piensa que, si en vez de dos partidos fueran cuatro, todo marcharía mejor. Aboga por incorporar a los partidos verde y libertario a los debates presidenciales para fijarles un lugar permanente en la historia estadounidense. “Puede que el duopolio haya servido en el pasado gracias a nuestras ventajas económicas muy dotadas y benditas, pero esas ventajas han desaparecido o se están desvaneciendo”.

Hoy se ofrecen a la ciudadanía dos opciones indeseables para elegir: una engañosa y camaleónica mujer neoliberal; y un hombre matón loco e ignorante, opina Tanosborn. Sin embargo, estos dos personajes, Hillary Clinton y Donald Trump, son enfocados por la duopólica prensa corporativa desde un ángulo y en escenarios que reflejan un mayor interés por el entretenimiento bufón que por el enfrentamiento de las crisis políticas que acosan a Estados Unidos en los aspectos que van a determinar su existencia: la crisis de una errónea política exterior; la crisis en el bienestar económico de su pueblo; la crisis por una partición racial que continúa sin resolver; y la crisis que se vislumbra para el futuro de esta nación en un mundo muy competitivo.

Hace casi dos siglos, el teórico político francés Alexis de Tocqueville en su libro "Democracia en América" (1835) no sólo ofreció una perspectiva sociológica sobre la igualdad y el individualismo en Estados Unidos sino lo que puede interpretarse como un estudio sobre el éxito económico.

Las ventajas económicas sobre otros países ha sido lo que ha mantenido unido en su diversidad a Estados Unidos. Norteamérica se convirtió en un éxito económico y geopolítico, un fenómeno de los tiempos modernos que algunos científicos sociales y políticos explotan con una jerga ilusoria y aduladora que crea orgullo y patriotismo: el excepcionalismo o sueño americano, que ahora muestra matices míticos de descoloramiento.

 “Nuestra diversidad, a menudo citada como una importante  razón para el éxito de Estados Unidos como potencia global - dice Ben Tanosborn- ha llegado a convertirse en un gallinero que está tomando un camino destructivo y cruel. Ese pegamento mágico único que de alguna manera pensábamos que nos mantendría trabajando en unísono con un objetivo común, pierde sus propiedades adhesivas y fuerza cohesiva, dejándonos divididos; no como simple nación de dos partes, sino fragmentada más allá de la refriega política liberal conservadora”.
Así, en esta 48ª elección presidencial, los estadounidenses serán convocados a las urnas obligados, una vez más, a votar por el mal menor.

La Habana, Septiembre 29 de 2016

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.


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