martes, 4 de octubre de 2016

LO QUE EL HURACÁN SE LLEVA Y DEJA

Jorge Gómez Barata

Al reportar sobre el huracán que se abate sobre Cuba, comunicadores y periodistas se esfuerzan por ubicarlo geográficamente, utilizando puntos de referencia conocidos. Así escuchamos, leemos, y escribimos que: “El huracán Matthew amenaza a Guantánamo, Santiago de Cuba, Victoria de las Tunas, Manzanillo, Bayamo, Holguín y Camagüey…”

Muchas veces no se repara en que el huracán no es un punto, sino un área, y su trayectoria no es como una avenida, sino como un gigantesco tajo abierto en la geografía. Ubicar el centro del meteoro sirve para determinar el punto a partir del cual el organismo destruye. En realidad, a 350 kilómetros del centro de Matthew circulan vientos de “tormenta tropical”, que pueden alcanzar 100 km por hora.

Así, entre longitud y latitud, de costa a costa de la Isla, el área involucrada debe abarcar alrededor de sesenta mil kilómetros cuadrados, en los cuales, además de ciudades y plantaciones, existen cientos de poblados, caseríos, bateyes, bohíos y viviendas aisladas, en los cuales vive, trabaja y sueña alrededor de la cuarta parte de los cubanos. Se trata de la población más pobre y vulnerable de Cuba.

La región oriental, la parte más ancha y menos urbanizada de la Isla, es lo que pudiéramos llamar la “Cuba profunda”. Por allí comienzan todas las historias, batallas, y tragedias. Por esas comarcas, en las cuales las distancias son largas, altas las montañas, y difíciles las veredas, llegó Colón al Nuevo Mundo, y se instaló la esclavitud. Allí comenzaron las luchas por la independencia, desembarcaron Máximo Gómez y José Martí, y luego lo hicieron los gringos. En el oriente está el Moncada, la Sierra Maestra y su epopeya. 

Arruinado por guerras, azotado por la “tea incendiaria”, con ciudades inmoladas, élites criollas arruinadas, muertas, o exiliadas, el oriente cubano, la región más ancha y pobre del país, lejos de Dios y de la Habana, sin perder la compostura, se enfrenta otra vez a la adversidad en forma de un poderoso huracán que la lastimará profundamente.

Los orientales no estarán solos. Cuba los acompaña y los asiste. Las autoridades se preocupan por las personas que en número de decenas de miles son evacuadas y albergadas. Algunos se resisten ante la difícil decisión de salir de sus conucos porque duele salvar la vida sin salvar también las humildes pertenecías familiares, y marchar sin llevar consigo gallinas, cerdos, y cabras; y vivir la impotencia de no poder proteger las cosechas de subsistencia, y sobre todo despedirse de la casa o el bohío.

A su paso el huracán trazará un rastro de destrucción difícil de resarcir. También habrá magníficos recuerdos y ejemplos de solidaridad y ayuda mutua, evidencias de la eficiente gestión de las autoridades, y experiencias diversas. Quedarán para el récord decepciones y frustraciones, tristeza por los bienes perdidos, los campos arrasados, las ciudades lastimadas, y las viviendas colapsadas.

No se trata de hacer retórica a cuenta del infortunio, sino reiterar lo que sabemos…El país reaccionará y el oriente cubano, el lugar por donde cada día sale el sol, regresará del peligro y del llanto, con tristeza lamerá sus heridas, y con la determinación de sus hijos y el apoyo de sus hermanos renacerá. Allá nos vemos.

La Habana, 02 de octubre de 2016

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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