lunes, 17 de octubre de 2016

PAZ UNIMEMBRE

Jorge Gómez Barata 

La lucha armada en Colombia ha sido una confrontación de medio siglo entre el estado y varias organizaciones guerrilleras. La más poderosa de ellas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), acaban de acordar el cese del conflicto, por lo cual el presidente Juan Manuel Santos ha merecido el Premio Nobel de la Paz 2016. La interrogante es: ¿Santos alcanzó la paz solo? ¿Tiene menos mérito el adversario?

Cada año la entrega de los premios Nobel, el más famoso y prestigioso   galardón a que pueden aspirar científicos en los campos de la física, la química, y la medicina, así como los literatos, los luchadores por la paz y los economistas, son motivo de júbilo, aunque también provocan sorpresas y críticas, y en ocasiones desatan pasiones.

En cualquier caso, los Nobel son el resultado de la voluntad individual y tal vez del capricho de un filántropo sueco, para más detalles un industrial inmensamente rico que hizo fortuna con la fabricación de armamentos, sobre todo con la invención de la dinamita, y que, de modo individual, en solitario, decidió crear las distinciones y dotarlas económicamente.

La determinación de otorgar los premios y conceder facultades para entregarlos a instituciones que no habían sido consultadas, (Real Academia de las Ciencias de Suecia, Instituto Karolinska, Academia Sueca y Parlamento noruego), motivaron que, en su tiempo, algunas de ellas reaccionaran contra tal obligación. Finalmente, las reservas resultaron inapelables, debido a que el mecenas estaba muerto.

De otro modo tal vez los premios hubieran cubierto un área menos limitada del conocimiento y la práctica humana. Por ejemplo, no existen premios Nobel de matemáticas, arquitectura, música, historia y tampoco de política.

De existir un Premio Nobel de la Diplomacia, quizás pudo otorgarse a la estadounidense Roberta Jacobson y a la cubana Josefina Vidal y así como a sus respectivos equipos negociadores, cuyo talento, constancia y dedicación permitió avanzar en la solución del conflicto entre Estados Unidos y Cuba. El hecho de que todo no haya sido alcanzado, no hace menos meritorios los resultados.

No sería la primera vez que la distinción fuera compartida por personas que en los campos de batalla y en la mesa de negociaciones fueron enconados adversarios, como ocurrió cuando lo compartieron Henry Kissinger y Le Duc Thot (1973), Menajem Beguin y Anwar al-Sadat (1978), Nelson Mandela y Frederik de Klerk y Yaser Arafat con los israelíes, Simón Peres e Issac Rabin.   

Por su naturaleza esencialmente política, el premio Nobel de la Paz es el que con frecuencia desata mayores polémicas, y no es extraño que sea mal recibido por la prensa e importantes sectores de la opinión pública. No se ha otorgado en 15 oportunidades, y en 1973 fue rechazado por Le Duc Thot

Debido al desarrollo y la creciente complejidad de las ciencias y las tecnologías, y el carácter multilateral de los fenómenos políticos, cada año son más frecuentes las entregas compartidas de estos galardones, especialmente del Nobel de la Paz, que ha sido prorrateado en 23 ocasiones. 

Este año me sorprendió la asignación del galardón de la Paz a Juan Manuel Santos, presidente de Colombia porque, debido a prejuicios y actitudes políticas, me parecía improbable que el parlamento noruego accediera a compartirlo con el Comandante en Jefe de las FARC-EP Rodrigo Londoño Echeverri, conocido bajo los alias de Timoleón Jiménez y Timochenko.

En cualquier caso, me parece una decisión atinada, no solo por los méritos de quien lo recibe, sino porque refuerza los esfuerzos en la búsqueda de la paz que es el cometido mayor.  

La Habana, 15 de octubre de 2016

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Aunque se acepta como tal, el galardón de economía no es propiamente de un Nobel, porque no fue creado por el famoso industrial sueco en su testamento, sino instituido por el Banco de Suecia, que lo otorga desde 1969.

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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