miércoles, 12 de octubre de 2016

REFORMAS: LA MEJOR OPORTUNIDAD

Jorge Gómez Barata

Ante la temprana y opulenta agresividad de los Estados Unidos que condujo al aislamiento, generó penurias y peligros que la alianza con la Unión Soviética no pudo compensar, en Cuba se fomentó una cultura de la resistencia. La imperiosa necesidad de resistir devino elemento dominante en la cultura política de los cubanos. Además de en actos heroicos y excepcionales, esa actitud se expresó en lo cotidiano.

En los años noventa al bloqueo estadounidense se sumó el colapso de la Unión Soviética. Sin otra alternativa, Fidel Castro llamó a incrementar la resistencia. No obstante, esa determinación, aparecieron evidencias de la inviabilidad de metas y proyectos, se introdujeron matices en el seno de la sociedad, y se abrió una opción que antes había asomado, pero que en aquella coyuntura se hizo obvia. Las reformas.

Afortunadamente para Cuba, la misma dirección política encabezada por Fidel y Raúl Castro, que lideraron los procesos que dieron lugar a la cultura de la resistencia y promovieron su incremento hasta límites extremos, tuvieron la visión y la determinación para, llegado a cierto punto, iniciar un proceso de reformas actualmente en marcha, y cuya pertinencia nadie discute.

Al margen de algunos debates asociados a la amplitud y los ritmos, es preciso rescatar la idea, expuesta por el presidente Raúl Castro, acerca de que los cambios no solo son la mejor oportunidad para salvar el socialismo, sino la única. “…Cambiamos o nos hundimos”, dijo.

Obviamente para salvar el socialismo es preciso reinventarlo, lo cual significa hacerlo diferente, dotarlo de nuevas cualidades, rellenar los vacíos que antes tuvo y que lo llevaron al desastre, alcanzar la eficiencia económica e incrementar la capacidad para crear riquezas, suplir las carencias de democracia, participación ciudadana, y cultivar la transparencia, lo cual solo es posible a través de reformas en todos los ámbitos. 

A pesar de la aparición de nuevas tensiones sociales derivadas de la crisis económica, la decepción, y asomos de desmovilización por las expectativas no cumplidas y el fin de la más valiosa experiencia de construcción del socialismo, la cultura de la resistencia en Cuba sobrevive en los núcleos más duros del pueblo,  la militancia, amplias zonas de las masas, combinándose con las aspiraciones de importantes sectores de la población que perciben en las reformas y en su aceleración y ampliación a otras esferas, las mejores oportunidades para salvar el socialismo.

Obviamente, cuando el presidente Raúl Castro llama “A gobernar con los pies y los oídos pegados al suelo” se refiere a la necesidad de captar estos ruidos y susurros, y proceder con mesura y determinación: “Sin prisa y sin pausa…” Las criticas circunstancias que ahora origina un nuevo zarpazo de la naturaleza crea tensiones, pero también oportunidades. El vaso sigue medio lleno. Allá nos vemos.

La Habana, 09 de octubre de 2016

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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