viernes, 11 de noviembre de 2016

CUBA VA…

Jorge Gómez Barata

De cumplirse las proyecciones de la campaña electoral estadounidense, pronto América Latina, especialmente México, Venezuela y Cuba, percibirán la diferencia de que la Casa Blanca sea habitada por un intelectual liberal como Barack Obama o por un conservador impredecible.   

A pesar de los riesgos de que Donald Trump haya ganado el estado de Florida, y de que la política norteamericana hacía Cuba vuelva a ser rehén de las corrientes anticastristas que pueden reflotar, los avances registrados mediante negociaciones con la administración Obama, permiten que la isla esté mejor posesionada que en ningún momento anterior para enfrentar cualquier alternativa.

En este caso para la Cuba no existe un escenario mejor que otro, ni puede elegir entre una variedad de opciones. Existe un solo curso posible. De lo que se trata es de consolidar lo alcanzado, y salvar el proceso de normalización, esforzándose por cerrar el paso a cualquier tendencia revanchista que pretenda escamotear los avances logrados, o tomar el cambio experimentado en la correlación de fuerzas políticas en Estados Unidos como pretexto para estancar las iniciativas o retroceder.

Una vez más es preciso trabajar para, como diría el politólogo Rafael Hernández: “Llevar el proceso más allá de un punto de no retorno” y convertir lo que puede ser un desastre, en una gama de oportunidades. La cuestión es estar convencidos de que se puede y encontrar cómo hacerlo. Los meses que restan a la actual administración, son pocos, pero pueden ser rentables

La única opción para Cuba, donde no hay espacio para la perplejidad ni motivos para vacilar, es blindar lo alcanzado en el ámbito bilateral, consolidar la inserción internacional, incentivar la búsqueda de cooperación y sobre todo la inversión extranjera, sostener y profundizar el proceso de reformas internas, que con el fin de alcanzar un mejor desempeño económico, debe ser ampliado a otras áreas de la vida social e institucional, así como sintonizar la actividad diplomática bilateral con las realidades y expectativas surgidas del 8N. 
   
En el empeño por continuar las tendencias a la normalización quizás se imponga una concepción aún más pragmática, y un accionar más dinámico que asuma los cambios en la conducción política norteamericana como un hecho que no puede ser modificado, y se esfuerce por mantener abiertos los canales de comunicación, los espacios de negociación y, en la medida de los posible, sume nuevos actores.

El pragmatismo, otra forma de llamar al realismo, incluye un cálculo de lo que es posible alcanzar en cada etapa, de modo que aquello, que por ahora no puede ser logrado, no se convierta en obstáculo para obtener lo posible.

Para Cuba el tema de los temas es avanzar en la eliminación del bloqueo, que probablemente no será suprimido de una vez y para siempre, sino que, como lo intentó Barack Obama, puede ser desmontado ladrillo a ladrillo. No es lo máximo ni lo deseado, pero es lo posible. En la política se hace lo que se puede. Allá nos vemos.

La Habana, 10 de noviembre de 2016

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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