jueves, 29 de diciembre de 2016

DEMOCRACIA: ¿UNIVERSAL O LOCAL?

Jorge Gómez Barata

La democracia es una cualidad de los estados y sus instituciones que proyecta su influencia sobre la sociedad, y posee una plasticidad intrínseca que la hace funcional con todas las culturas, sistemas sociales, y formas de gobierno. Su ejercicio confiere legitimidad al poder, y valida el ejercicio de la autoridad. El mejor status nacional es aquel en el cual la democracia se realiza mejor.

La democracia no es una invención de teóricos o ideólogos, sino el resultado de procesos civilizatorios y de necesidades reales, asociadas a la convivencia y la organización social, que espontáneamente se gestó desde los albores de la humanidad. Por razones conocidas esos procesos, junto con la economía y la tecnología, avanzaron más rápidamente en Europa, desde donde la cultura política y la jurisprudencia se trasladaron al Nuevo Mundo y a otras áreas del planeta.

En los contradictorios procesos políticos iberoamericanos las oligarquías han utilizado recursos del republicanismo para ejercer y prolongar su poder, y cuando el esquema no ha funcionado, han dado paso a dictaduras militares o civiles. Todo ello ha contribuido a desprestigiar la democracia.

También ha ocurrido que gobernantes empoderados por vías no institucionales, desempeñándose autoritariamente, en determinadas etapas han promocionado el desarrollo económico y entronizado políticas de beneficio popular, como son, entre otras, los casos de Vargas en Brasil y Perón en Argentina. Esos eventos han reforzado la visión de que sin democracia se puede avanzar, incluso que el autoritarismo y el caudillismo son preferibles a ella.

Lo cierto es que los más grandes, autóctonos, y auténticos movimientos políticos latinoamericanos, entre ellos las revoluciones en México, Cuba y Nicaragua, la resistencia armada en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y Centro América, han tenido como motivaciones las luchas populares contra dictadores y por el restablecimiento de la democracia.

En realidad, la insatisfacción por las limitaciones de los regímenes presuntamente democráticos no puede conducir al rechazo de la democracia en general, ni a la idea de que cada país puede crear una democracia local. En su tiempo Rosa Luxemburgo, la voz más alta del marxismo en ropa de mujer, advirtió a Lenin: “Luchar contra la democracia burguesa no significa luchar contra la democracia en general”.

La verdad radica en que la democracia contiene esencias y estándares que han de estar presentes para que el sistema funcione, y que se expresan de modo más o menos idéntico en todas partes. Entre ellos figuran la existencia de constituciones y leyes que regulen la actividad institucional, la celebración periódica de elecciones con sufragio secreto y universal para la elección de los principales cargos públicos, la separación de los poderes del estado, el reconocimiento de la sociedad civil y sus organizaciones, y otros conocidos.

Un dato relevante es la estrategia de Fidel Castro en su autodefensa en el juicio por el asalto al cuartel Moncada, conocido como “La Historia me Absolverá.” En aquella ocasión el fiscal invocó el artículo 148 del Código de Defensa Social…

“El artículo en cuestión”, argumentó Fidel, “dice textualmente: Se impondrá una sanción de privación de libertad de tres a diez años al autor de un hecho dirigido a promover un alzamiento de gentes armadas contra los Poderes Constitucionales del Estado…"

“¿En qué país está viviendo el señor fiscal?”, se preguntó el acusado. “¿Quién le ha dicho que nosotros hemos promovido alzamiento contra los Poderes Constitucionales del Estado? …La dictadura que oprime a la nación no es un poder constitucional, sino inconstitucional…”

La democracia es un ideal universal asociado a la condición humana y a los más altos ideales de libertad y justicia, que se despliega en países concretos en los cuales es condicionada por multitud de factores históricos, económicos, políticos, y culturales. En ninguna parte la edificación de democracias genuinas y auténticas ha alcanzado la excelencia, y en ningún lugar comienza desde cero, sino que necesariamente asume una larga, contradictoria, y fecunda historia.

El derecho de todo país a construir una verdadera democracia y enriquecerla con rasgos autóctonos, pasa por la defensa y preservación de la aquella que con defectos y virtudes existe realmente. Allá nos vemos.    

La Habana, 27 de diciembre de 2016

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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