lunes, 5 de diciembre de 2016

NO ME DIFIENDAS COMPADRE… NO ASÍ

Jorge Gómez Barata  

En la etapa final de su mandato, por las razones que tuviera, algunas de las cuales ha hecho públicas, Barack Obama acordó con el presidente Raúl Castro medidas que permitieron avanzar en la normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Algunas tienen efectos discretos, aunque visibles. No obstante, él no podía quedarse para avanzar la labor, y los estadounidenses decidieron que lo hiciera Donald Trump.

Personalmente estaba persuadido de que Hillary Clinton no hubiera sido una panacea para Cuba, y que si bien podía continuar ciertos aspectos de la política de Obama, lo haría con el fin declarado de cambiar el régimen político de la Isla y revertir el proceso. No obstante, se trataba de alguien previsible y de un curso que podía administrarse mediante una combinación de firmeza, diplomacia y reformas.

Sin embargo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca me parece una mala noticia para los cubanos de todas las orientaciones, excluyendo claro está a quienes lucran con la disidencia, pero incluyendo a los llamados emprendedores, que perciben en el avance de las reformas y la aproximación a Estados Unidos algunas opciones.

Mis aprensiones no se derivan del perfil conservador del candidato ganador. Conservadores eran también Nixon, Reagan y los Bush, a los cuales el proceso cubano sobrevivió. Tampoco aludo a la orientación presuntamente aislacionista de su política exterior. Lo enigmático es la extravagante idea de que anulando las medidas adoptadas por la administración del presidente Obama respecto a Cuba, puede favorecerse al pueblo cubano. ¡Craso error!

Uno de los atractivos de las políticas de Obama fue que, sinceramente o no, dejó los asuntos de Cuba en manos de los cubanos, que viven, son felices, o sufren en la Isla. Si algo no necesita ninguno de ellos es otro liberador, menos aún amparado en la zaga de la Brigada 2506, que 55 años atrás, en el mismo año en que nació Barack Obama, fue derrotada por bisoños milicianos en las arenas de Bahía de Cochinos.

Con su actitud y sus acciones Barack Obama ofreció al pueblo cubano la primera oferta políticamente viable, diplomáticamente aceptable, y económicamente factible de Estados Unidos. Se inició así una relación en la cual, aunque en franca contradicción y con tensiones enormes, pero en un batallar civilizado; las estrategias norteamericanas y el proyecto socialista cubano coexisten, tal como ocurre con China y Vietnam.

De todas maneras, Trump ha probado que no es rehén de sus palabras, y comparte la virtud de desdecirse que adorna a muchos políticos. Mientras no cruce la línea de no retorno, conserva el beneficio de la duda. Puede tratar de alcanzar lo que quiere por caminos menos trillados, con armas menos melladas y procedimientos menos brutales.

El nuevo presidente pudiera intentar revertir el curso tomado por Obama y hacer sufrir un poco más a los cubanos, pero el sufrimiento ajeno no equivale a una victoria propia. Por ahora, démosle Trump al tiempo y recordemos un clásico del cine mexicano cuando exclamó “¡No me defiendas compadre…!” 

La Habana, 05 de diciembre de 2016

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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