lunes, 23 de enero de 2017

A DIOS LO QUE ES DE DIOS Y A TRUMP...

Jorge Gómez Barata

Al tomar posesión como presidente de los Estados Unidos, Donald Trump prometió “Trabajar para hacer a América grande otra vez…” La pregunta es ¿Cuándo dejó de serlo? ¿En qué aspectos? y ¿Por qué?

Estados Unidos es la primera economía mundial con un PIB de casi 18 billones de dólares, más que China, Rusia y Gran Bretaña juntas. Un poderío militar, respaldado con un presupuesto de más de 600 000 millones, 13 000 aviones y 400 buques entre ellos 11 portaviones y 61 submarinos, de propulsión nuclear y más de cinco mil ojivas atómicas. Esta fuerza, excepto por la cohetería y la flota de submarinos nucleares rusos, no puede ser retada por ningún país.

En materia de ciencia, tecnología e innovación, con una inversión de más de 400 000 millones de dólares, unos 200 000 millones más que China, no hay modo de emular sus registros. En ese ámbito el futuro se asegura por casi ocho mil universidades y centros de educación superior, donde estudian más de 15 millones de jóvenes, alrededor del cinco por ciento de la población total.

En materia de empleos y salarios, aunque existen problemas, la situación no es desesperada. El potencial laboral del país es de unos 159 millones de trabajadores, de ellos 152 millones están empleados. El dato no registra la actividad informal. La preponderancia, en muchos sentidos hegemonía en la producción cultural, el entretenimiento y la circulación de noticias, lo cual le confiera una sólida posición estratégica. 

El sistema político, sin ser el dechado de virtudes que sus admiradores promueven, no es un desastre. El país y sus instituciones funcionan razonablemente bien, excepto por la desmesurada influencia del dinero en su operación, de lo cual el propio Trump y su gabinete son expresión.

EN QUE FALLAN LOS ESTADOS UNIDOS

A la vez que el país más rico, Estados Unidos es el más desigual, violento y racista de las naciones desarrolladas. No existen argumentos para justificar los más de cuarenta millones de pobres, entre ellos veinte millones de niños. La población carcelaria es un dato obsceno. Los niveles de racismo, la humillación y el abuso que lo acompaña, son una gigantesca mácula que la Norteamérica opulenta y un riesgo latente de explosión social.

Obviamente, como ha denunciado el nuevo presidente, el neoliberalismo y la desregulación que se aplicó de un modo irresponsable, condujo a la aplicación de políticas económicas erradas y probablemente sea cierto que el establishment empoderado en Washington fue insensible y dio la espalda a los sectores más vulnerables.

No obstante, los graves problemas sociales del país tienen poco o nada que ver con el exceso de importaciones y la relocalización de ciertas capacidades industriales. Hace bien la nueva administración en buscar a los culpables, pero seguramente no están en México ni en China y no se relacionan con la emigración. Ningún muro acabará con la pobreza, el racismo, la exclusión y la injusticia.

Hay capítulos que Trump no aludió en su breve discurso inaugural y que se relacionan con otros desempeños, pasados y presentes, de los Estados Unidos, algunos asociados a la política, a los ambientes internacionales y a comportamientos imperialistas. Luego veremos cómo los enfoca. Entonces les cuento. Allá nos vemos.

La Habana, 22 de enero de 2017

 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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