viernes, 6 de enero de 2017

AMISTADES CIRCUNSTANCIALES

Jorge Gómez Barata

Es probable que Trump tome la relación con Rusia donde la dejó Reagan y trate de consolidar su anclaje en el sistema capitalista mundial en calidad de aliado, no de adversario. Cuando tal cosa ocurra, Estados Unidos habrá ganado, Putin también.

Cuando Trump y Putin se saluden, nada estará comenzando. La convergencia la iniciaron Gorbachov y la cultivó Yeltsin. Entre Estados Unidos y Rusia no existen contradicciones ideológicas ni rivalidades políticas estratégicas. Putin puede ser amigo del Trump como lo fueron Gorbachov y Yeltsin de Reagan y de Thatcher. 

No obstante, en la alta política, nunca se ha tratado de simpatías personales. De la debacle soviética emergió una Rusia empeñada en transitar al capitalismo, para lo cual la aquiescencia de Estados Unidos es vital. Ello explica porque, durante su gobierno, no hubo concepción que Yeltsin no estuviera dispuesto a hacer. No obstante, tuvo lucidez para nombrar a Vladimir Putin como primer ministro que persiguió los mismos objetivos, aunque con más prestancia.  

Los desencuentros más sustantivos comenzaron a partir de 1999 cuando la OTAN comenzó a ampliarse admitiendo diez antiguos estados socialistas, a los cuales en 2004 se sumaron Estonia, Letonia y Lituania que habían sido repúblicas exsoviéticas.

El fin de lo que pudo ser una convivencia amigable llegó en 2014, cuando Ucrania estaba a punto de integrarse a la Unión Europea, se desencadenaron enfrentamientos que condujeron al derrocamiento del presidente pro ruso, a la anexión de Crimea y Sebastopol, así como a la rebelión separación de territorios ucranianos poblados por comunidades rusas.

Se inició así un conflicto internacional y una guerra civil que ha deteriorado las relaciones entre Rusia, Estados Unidos y Europa y no tiene final a la vista.

Las sanciones económicas de Estados Unidos y la Unión Europea a Rusia por una parte y la guerra en Siria por otra, han sido factores con los cuales la administración de Obama no ha podido lidiar exitosamente y ante los cuales, Putin ha maniobrado con inteligencia y determinación.

En medio de una tensa coyuntura, se acusó a Rusia de interferir vía cibernética en el proceso electoral norteamericano, hecho extremadamente grave que llevó al presidente Obama a, sin mostrar pruebas concluyentes, imponer nuevas sanciones. Sorpresivamente Donald Trump, presidente electo a quien la acusación de intervención rusa obviamente deslegitima, reaccionó poniendo en duda las acusaciones de Obama y saludando la reacción de Putin.

Es probable que después del 20 de enero Trump y Putin se saluden e intercambien cortesías. Más difícil será entenderse respeto a Siria, donde está presente Irán. Tampoco será fácil solucionar el diferendo en torno a Ucrania y Crimea. En cualquier caso, lo que está en juego es más que una relación personal, sino un contencioso que no se salda con un apretón de manos. 

Además, Putin y Rusia no son el único problema con el que deberá lidiar Trump, entre otros existe China que es mucho más que una piedra en el zapato. En pocos días se despejarán algunas incógnitas. Allá nos vemos.  

La Habana, 05 de enero de 2017

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   

No hay comentarios:

Publicar un comentario