viernes, 27 de enero de 2017

DE LA INCERTIDUMBRE AL DESAFÍO

Jorge Gómez Barata

Terminó la incertidumbre. Por esta vez México no puede escoger sus batallas, sino que está obligado a asumir las impuestas por Estados Unidos. A pesar de la difícil coyuntura, el país necesita empinarse para afrontar una crisis como la desatada por la repentina e injustificada agresividad del presidente Trump.

Convertido en una democracia estable, aunque con altas y bajas, México progresó económicamente conectando su economía con la de Estados Unidos, especialmente durante las administraciones de Franklin D. Roosevelt, con las cuales, en el contexto de la II Guerra Mundial, se estrechó la colaboración económica y comercial.

Entre otras asistencias, por necesidades de la guerra, 300 000 trabajadores mexicanos cruzaron la frontera para suplir a los americanos movilizados. En aquel contexto, en 1942 se negoció un abarcador acuerdo comercial entre ambos países.

En la postguerra, con anuencia norteamericana, continuó la práctica de que braceros mexicanos sin documentos cruzaran la frontera y fueran empleados, lo cual desde entonces es objeto de negociaciones y esfuerzos mutuos. Satisfecho de sus relaciones económicas y comerciales, en 1993 Estados Unidos, Canadá y México suscribieron el TLCAN, sobre el cual, hasta hace muy poco, la parte estadounidense no presentaba reservas sustanciales.

Desdichadamente, debido a circunstancias internas, México ha enfrentado décadas de yerros en el diseño de las políticas sociales, y en la desigual distribución de la riqueza nacional, permitiendo que se entronizara la corrupción y la violación de las leyes, expresada en el incremento de la criminalidad, las desapariciones de personas, el asesinato de periodistas, la represión, y un auge inédito del delito.

A ello se unieron debilidades con el tráfico de drogas, personas, y armas, y convivencia con el fraude electoral, dando lugar a liderazgos fallidos. Todo lo cual ha conducido a un dramático debilitamiento de las instituciones, de la autoridad, y del estado en su conjunto.

La capacidad de convocatoria del gobierno y los partidos políticos para movilizar a la sociedad y liderar la resistencia es pobre, y los mexicanos que viven en Estados Unidos están débilmente organizados, en no poca medida confundidos y carentes de liderazgos. No obstante, no hay elección, México está obligado a dar una batalla que no será indolora, pero puede ser decisiva.

Aunque en la nación, la sociedad, y el sistema político mexicano existe talento y potencial para afrontar la situación, allí, como en otras latitudes, no existen alternativas mejores que llamar a la unidad nacional, y procurar la cohesión social, apostar por la movilización del pueblo, y cerrar filas; esfuerzos al que deberían sumarse, por vías institucionales, todas las fuerzas y factores políticos para diseñar y conducir un programa de resistencia y desarrollo.

El problema no es si el presidente va o no a Washington, sino a qué va y como representa allí al México profundo. De lo que no existen dudas es de que la presente coyuntura pondrá a prueba a la élite política. La crisis puede ser para México también una oportunidad de dar la batalla, no sólo para salvar su economía, sino también para solventar los múltiples problemas que lo aquejan. Allá nos vemos.

La Habana, 27 de enero de 2017


*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


No hay comentarios:

Publicar un comentario