martes, 17 de enero de 2017

DONALD TRUMP: EL DEBUT

Jorge Gómez Barata

Por primera vez en más de doscientos años un cambio presidencial en Estados Unidos preocupa más a sus aliados que a los adversarios. Rusia espera buenas noticias, mientras Alemania, México y Japón aguardan expectantes. 

Donald Trump que, a pesar de perder debates, encuestas, y el voto popular, ganó la presidencia, a mediodía del próximo viernes 20 vivirá sus primeros minutos de gloria, y comenzará una dura andadura. Ninguna responsabilidad es mayor, absorbe tanto, y desgasta más a quien la desempeña que la presidencia de los Estados Unidos.

La ley estableció que la elección del presidente se efectuaría el primer martes después del primer lunes de noviembre, (entre los días dos y ocho), y la Constitución fijó la toma de posesión al mediodía del cuatro de marzo, plazo dilatado pero necesario para realizar el escrutinio en cada estado, remitirlo a Washington, y permitir que el mandatario electo llegara a la capital. La modernidad facilitó esas gestiones, y en 1933 la Vigésima Enmienda cambió la fecha del 4 de marzo al 20 de enero.

Los constituyentes olvidaron el detalle de que, en ocasiones, el 4 de marzo y el 20 de enero pueden caer domingo, lo cual obligó a consultar a la Corte Suprema, que determinó que, en ese caso, podía hacerse un día antes o después. Siete presidentes han aplicado la fórmula.

En 1809 James Madison fue el primero en celebrar la asunción presidencial con un baile. En 1817 James Monroe decidió realizar la ceremonia de juramento y el discurso inaugural en el exterior del Capitolio; desde entonces el público puede participar masivamente. La primera de estas ceremonias registrada fotográficamente fue la de James Buchanan en 1857. Para nueve presidentes no hubo tal evento, porque sustituyeron a cuatro muertos en el cargo, cuatro víctimas de magnicidios y un renunciante.

Absorbidos por el fausto y el oropel, nadie recuerda la sobria ceremonia inaugural en la cual, en 1789, desde un balcón del Federal Hall en Nueva York, George Washington, único en obtener todos los votos del Colegio Electoral, tomó posesión del cargo de presidente de los Estados Unidos. Al ser reelecto, en su segunda investidura pronunció un discurso de 135 palabras, el más breve de todos.

En 1841 William Henry Harrison hizo todo lo contrario, y estableció un record al emplear dos horas y 8.445 palabras. El viaje hasta Washington y la dilatada exposición a la intemperie le hicieron contraer neumonía e imponer otro record: gobernó 32 días, el reinado más breve. Fue el primero en fallecer en el ejercicio del cargo.

Además del cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos, Donald Trump será el quinto neoyorquino. El primero fue Martin Van Buren, curiosamente el primer presidente nacido ciudadano estadounidense (1782), y el único que no tuvo el idioma inglés como lengua materna (antes aprendió neerlandés). También México fue eje de su política al intentar bloquear la anexión de Texas por sus reservas con la esclavitud.

 Con cierta razón se afirma que la verdadera prueba para la democracia no es la elección, sino la disposición para ceder el cargo y dejar el poder después de haber probado sus mieles. En muchos países del Nuevo Mundo la reelección ha sido fuente de numerosos conflictos. 

Entre festejos y manifestaciones diversas, la ciudad de Washington y el país vivirán el primer fin de semana con un nuevo gobierno. Nadie sabe lo que Donald Trump hará a partir del lunes 23, su primer día laborable en la Casa Blanca. Ojalá el sentido común y la Providencia lo iluminen. Su gestión será decisiva para el destino, no solo de su país, sino de muchos otros. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de enero de 2017
 
Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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