viernes, 13 de enero de 2017

DONALD TRUMP, EL PRESIDENTE

Jorge Gómez Barata

En cualquier país, la condición de jefe de estado, implica cierta majestad. Se trata de un hombre que representa a millones. Es la personificación de un país, una nación y una cultura, exponente de valores y garante de intereses diversos. Cuando se trata de los Estados Unidos, el país más poderoso y avanzado de la tierra, el simbolismo es relevante. Cuarenta y cuatro hombres han disfrutado de esa condición. Donald Trump resultó electo y será el cuadragésimo quinto. 

Tal vez por no proceder del mundo de la política, lo cual no es un demérito, Donald Trump no está familiarizado con la idea de que, voluntariamente dejó de ser un ciudadano privado, que podía escoger amistades, prodigar afectos o albergar antipatías. Lo cierto es que, con la elección renunció a tales prerrogativas. Para él terminó el libre albedrio. Ahora se debe a su cargo. El poder faculta, pero también obliga.                                                                       

En la primera conferencia de prensa de Donald Trump se destacaron tres anomalías.

No quedó clara su posición ante lo que, según las máximas autoridades actuales y los servicios de inteligencia encargados de velar por la seguridad del país, han señalado como una intromisión de Rusia en la elección presidencial. No fue suficientemente explícito en la proyección de sus relaciones con el presidente ruso Vladimir Putin, lo cual, obviamente, de ahora en adelante no podrá asumir como una cuestión personal.

La primera Conferencia de prensa, evidenció una desastrosa relación con los medios, que trasciende los habituales desencuentros, y arroja dudas respecto a la comprensión del presidente acerca de la naturaleza de los vínculos entre el poder y la prensa, uno de los principales mecanismos de control social con que cuenta la ciudadanía. Los medios de difusión masiva no son en los Estados Unidos, algo accesorio, ni un elemento que pueda ser menospreciado ni ignorado. 

Un hecho notable fue la presencia de la abogada que explicó las medidas administrativas y legales adoptadas para mantener a la Organización Trump y a su propietario, ahora presidente, al margen del ejercicio del gobierno, y prevenir los conflictos de intereses que pudieran gestarse, lo cual constituyó una desagradable ostentación de la riqueza de que dispone la que pronto será la primera familia de la nación.

Significativamente, a los elementos asociados al hackeo electoral, el propio Trump aportó nuevas confusiones al aludir a informaciones, probablemente falsas, contenidas en un texto desconocido y que, según sus palabras: “Nunca debieron ser publicados…”, cosa en la que, de alguna manera, se involucró la poderosa CNN, lo cual provocó que el presidente electo, visiblemente irritado, le negara la palabra a uno de sus reporteros.

Al mostrarse excesivamente flexible y tolerante ante el jefe de un estado que como Rusia es oficialmente antagonista de los Estados Unidos y al que se le imputan hechos que comprometen la seguridad nacional; el flamante presidente, se coloca en una posición que puede estar bordeando lo “políticamente correcto” y que, en algún momento pudiera resultar inaceptable para círculos oficiales, servicios especiales y parte de la opinión pública estadounidense. 

En cualquier caso, se trata de licencias con fecha de vencimiento el próximo día 20. A partir de entonces Donald Trump adoptará un título que lo honra, le otorga inmensos poderes, pero lo obliga. El estado norteamericano es la más compleja de todas las estructuras existentes en el mundo, no se parece a ninguna empresa, no tiene dueño y su principal cualidad es que el poder esta compartido.

Millones lo observan, con reservas unos, dudas otros y algunos con esperanzas. Al margen de cualquier consideración el mundo marcha mejor cuando en Estados Unidos hay un presidente que hace bien su trabajo. Muchos tienen reservas y otros otorgan el beneficio de la duda. ¡Hagan juego! Las apuestas están abiertas. Allá nos vemos.

La Habana, 13 de enero de 2017

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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