jueves, 12 de enero de 2017

GÉNESIS DEL SOCIALISMO

Jorge Gómez Barata

A diferencia de otras formaciones sociales, el socialismo no es resultado de la evolución histórica, sino de los esfuerzos científicos de una vanguardia intelectual europea del siglo XIX, encabezada por Carlos Marx, cuyos hallazgos se imbricaron con las luchas de clases, el sindicalismo, y los partidos obreros, socialistas, socialdemócratas, comunistas, y socialcristianos.

En el aspecto teórico se trata de la labor de investigación y exposición de Carlos Marx y Federico Engels, realizada durante unos cuarenta años entre 1842 y 1883 en Alemania, Paris, Bruselas y Londres; que mediante importantes obras realizaron una crítica del capitalismo, y esbozaron un proyecto revolucionario que debía conducir a la renovación de las estructuras sociales. Al esfuerzo científico se sumó la labor periodística realizada por Marx, y la voluminosa correspondencia con intelectuales y líderes europeos.

A ese componente se añadieron las obras, comentarios, y críticas de otros pensadores. Entre ellos Joseph Proudhon, Karl Kaustki, Ferdinand Lasalle, Mijaíl Bakunin, Eduard Bernstein, e incluso del papa León XIII, que emitió varias encíclicas de contenido social.

Alrededor de cuarenta años después, como parte de la lucha política local, emergió en Rusia una vanguardia encabezada por Lenin, autor de importantes obras teóricas, cuyo mayor aporte fue lograr el triunfo de la Revolución Bolchevique de 1917, y el inicio de la construcción socialista.

A partir de ese momento, el socialismo dejó de ser únicamente un conjunto de ideas y metas para transformarse en movimiento político, que arraigó en un poderoso estado, cuya proyección internacional no solo abarcó las relaciones con otros países, sino el empeño por desarrollar y conducir a nivel mundial el movimiento comunista internacional, para lo cual creo la III Internacional.

Se inició así un intenso período de la historia, en el cual las poderosas fuerzas de la Unión Soviética, la República Popular China, y los países del llamado Campo Socialista, a los cuales se sumaron los partidos comunistas y organizaciones obreras de todo el mundo, se empeñaron en la transformación revolucionaria de la sociedad, aspirando a metas tan desmesuradas que resultaron verdaderas utopías.

Aquellas gigantescas batallas libradas a escala prácticamente mundial, aportó más héroes y mártires que ningún otro esfuerzo político, fue pletórica de actos heroicos y sacrificios, despertó las esperanzas, y promovió la movilización de cientos de millones de personas, que se integraron a diferentes formas de lucha contra el capitalismo y por la liberación nacional y social, la construcción el socialismo.

Sin embargo, sorpresivamente, setenta años después, en la Unión Soviética y en los países socialistas de Europa Oriental ocurrió exactamente lo contrario. Desde el interior de los partidos gobernantes, incluido el Partido Comunista de la Unión Soviética fundado por Lenin, prosperaron corrientes que condujeron al colapso de aquellos regímenes y a la restauración del capitalismo. ¿Por qué?

El año del centenario de la Revolución Bolchevique puede ser un buen momento para, mediante reflexiones críticas, profundas y honestas, intentar dilucidar aquellos acontecimientos, rendir tributo al heroísmo revolucionario, y ponderar las luces y sombras presentes en la hombrada que fue la Revolución Bolchevique. Allá nos vemos.

La Habana, 10 de enero de 2017

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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