lunes, 9 de enero de 2017

POR QUÉ SOMOS POBRES

Jorge Gómez Barata

Los países de América Latina son inmensamente ricos y dramáticamente pobres. Ningún estado europeo posee más riquezas naturales que Brasil, México, Argentina, Colombia o Venezuela, sin embargo, ni uno solo de ellos ha logrado rebasar el umbral del desarrollo. Pudo haber sido de otra manera y todavía es posible…

La riqueza de estas naciones es un potencial proporcionado por la naturaleza, mientras la pobreza se deriva de dos fenómenos estructurales. El primero, la vigencia del modelo económico agroexportador que favorece el latifundio, el monocultivo, el extrativismo y el rentismo y da la espalda al mercado interno.

El segundo se relaciona con la adopción de modelos políticos nominalmente republicanos en los cuales la ausencia de democracia y la debilidad endémica de las instituciones públicas dieron lugar a estados que, en lugar de arbitrar entre los actores sociales en la búsqueda de la convivencia y el bien común, cohonestaron los abusos de poder de oligarquías que asumieron los países como botín. Salvo excepciones temporales, en la región, el poder político ha sido utilizado como fuente de privilegios y enriquecimiento.

Si bien los países latinoamericanos fueron saqueados por los colonizadores europeos, sus riquezas son más que suficientes para proporcionar niveles de bienestar considerablemente más elevados que los existentes. No se trata de escases de recursos, sino de ausencia de voluntad política para, a partir de los bienes nacionales y de acciones sociales sistemáticas y eficaces, formular o aplicar acciones y doctrinas que propicien el desarrollo económico.

En más de doscientos años de poder virtualmente absoluto, las oligarquías nativas, asociadas al capital extranjero y usufructuarias de los beneficios de los modelos económicos y políticos establecidos, ni siquiera intentaron desatar las trabas que impidieron el desarrollo económico y el progreso social, lo cual las descalifica como opción. En los casos en que, en diferentes momentos, en Brasil, Argentina, México, Costa Rica, se instalaron administraciones que se enfocaron en el desarrollo, los resultados positivos han sido visibles.    
   
No obstante, la pobreza, la ignorancia y la indefensión no han logrado impedir avances que, aunque lentos y angustiosos han conducido al crecimiento del protagonismo de las mayorías, lo que explica el papel de los movimientos sociales y la instalación de gobiernos progresistas mediante elecciones.

Lamentablemente errores en el diseño de las políticas económicas de desarrollo y participación social, exagerado incremento del gasto público, alianzas fallidas y concesiones que abren espacios a la corrupción y el clientelismo, provocan desmovilización social. A ello se agregan las acciones desde el exterior y las coyunturas objetivamente adversas que, en conjunto, impiden la consolidación de los gobiernos populares.

Resignarse a creer que los reveces en Brasil y Argentina, la inestabilidad en Venezuela, la coyuntura electoral en Bolivia y otros procesos negativos se explican porque se haya agotado un ciclo progresista y creer que, en algún momento, llegará otro, es introducir argumentos falsos. Tales ciclos no existen ni han existido nunca. Inventar excusas solo sirve para evadir responsabilidades. Allá nos vemos.

La Habana, 09 de enero de 2017

*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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