jueves, 5 de enero de 2017

REFORMAS Y ECONOMIA

Jorge Gómez Barata

Los resultados de la economía no siempre pueden atribuirse a ella misma, sino que radican en las políticas económicas y a veces en la política a secas.  Desde la política pueden abordarse y resolverse fenómenos económicos, proponer e incluso imponer soluciones. Al revés el esquema no funciona.

El hecho de que, en el socialismo de matriz soviética, el ejercicio del poder político, asumiera también la propiedad y la conducción de la economía, desempeñando la dirección del conjunto de la sociedad, creó el espejismo de que el estado podía determinar la eficiencia. No ocurrió así, no por falta de voluntad o competencia; se trata de límites del poder.  

El error de base puede haberse generado en el equívoco de que mientras el capitalismo surgió y se desarrolló como parte de procesos civilizatorios, sumando estructuras, instituciones y prácticas, el socialismo es una elaboración teórica, resultado del pensamiento de vanguardias intelectuales encabezadas por Karl Marx y Vladimir Lenin. Siempre se ha tratado de un proyecto y no de una realidad.

De esa circunstancia surgió la idea de “construir el socialismo”, proceso en el cual se introdujeron errores y tendencias negativas que no solo no se rectificaron, sino que algunas fueron sacralizadas y convertidas en dogmas, que finalmente ocasionaron su implosión. 

Tal vez por estar centrada en el empeño de resistir y hacerlo con sus propios esfuerzos y recursos, a Cuba le ha resultado difícil comprender que los problemas de su economía y las imperfecciones de sus instituciones estatales y políticas no son locales ni específicas, sino que forman parte de los defectos del proyecto socialista global. Al respecto es pertinente recordar que, en los años ochenta, antes incluso de que se iniciaran las reformas en la URSS, tales anomalías fueron detectados por Fidel Castro que llamó a la rectificación.  

Al desplegarse veinticinco años después del colapso soviético, las reformas en Cuba pueden no limitarse a ajustes económicos puntuales y avanzar en la promoción de cambios de mentalidad y enfoques que den lugar a nuevos conceptos jurídicos, institucionales y políticos, y sirvan de base para encarar las deficiencias estructurales del sistema socialista y corregirlas.

Según subraya el presidente Raúl Castro, el país no solo enfrenta realidades y adversidades, sino también temores y prejuicios, entre ellos los que temen un retorno del capitalismo y aquellos que dificultan la promoción de las inversiones extranjeras.

Probablemente la falta de complementos explique por qué siete años después de iniciadas las reformas, cuando la crisis comenzaba a superarse, el asilamiento respecto a América Latina terminaba, el bloqueo norteamericano, aunque vigente, en ciertos aspectos se ha atenuado, importantes deudas fueron condonadas o renegociadas, los vínculos con aliados como China, Rusia y Vietnam disfrutan de buenos momentos, se han relanzado las relaciones económicas con Europa, Japón y otros países, y la naturaleza no ha sido especialmente adversa; sin embargo, la economía cubana decreció.

La respuesta es difícil no solo por la índole de los problemas y por la escasa disposición de las estructuras gubernamentales y políticas para reconocer la disfuncionalidad del sistema, sino en el hecho de que, en los procesos de toma de decisiones, en la ejecución de los programas y en la conducción de los asuntos públicos, la dirección política cubana carece de contrapartes y de complementos. Ello hace que la capacidad auto reguladora del sistema se embote.

En cualquier caso, entre las metas y los desafíos que enfrenta el país en aras de perfeccionar el socialismo, figuran reflexiones teóricas y científicas de mayor calado, para lo cual, además de sumar ideas, es preciso arrojar lastre. Allá nos vemos.

La Habana, 02 de enero de 2017


 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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