jueves, 5 de enero de 2017

¿RETROCEDIENDO O AVANZANDO?

Chencho Alas

América Latina ya no es la misma, ya no es el patio trasero de Estados Unidos. Con estas palabras comenzaba mi curso a un grupo de 12 estudiantes de doctorado de la Universidad de Toronto, en el Condominio San Blas, La Libertad, El Salvador.  Se ha quedado atrás la histórica frase de John Quincy Adams “América para los Americanos” retomada más tarde por el presidente James Monroe, dando así origen a la dependencia cuasi ciega de nuestros mandatarios por casi un siglo.

La doctrina del patio trasero se vino abajo el año 1959 con la proclama de Fidel Castro a su llegada a la Habana desde la Sierra Maestra: Cuba para los cubanos. Fue el inicio de movimientos de izquierda que pasando por Nicaragua y más tarde El Salvador desembocaron en la elección del bolivariano Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela. En el período de unos 15 años mucho se avanzó. Los Kirchner en Argentina, Luiz Inácio Lula y Dilma Rousseff en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y en alguna medida Daniel Ortega en Nicaragua. La característica de las administraciones de estos presidentes ha sido la reducción sustantiva de la pobreza de sus pueblos y la creación de instituciones latinoamericanas al servicio de nuestro continente.

Sin embargo, este avance se ha visto en gran medida cortado por el retorno del neoliberalismo salvaje. La llegada al poder a fines del 2015 de Mauricio Macri en la Argentina le ha dado vuelta a la tortilla. Lo mismo ha sucedido con Michel Temer que reemplaza a Dilma Rousseff en Brasil con un golpe de estado “suave”, no sangriento. Evo ya no puede reelegirse debido a un cálculo político poco afortunado y Correa se retira. En escasos dos años parece que todo se viene abajo como un castillo de naipes. ¿Nada queda de lo construido en estos años? ¿Se reduce a una esperanza fallida el socialismo del siglo XXI?

Los presidentes pueden hacer avanzar el carro de la justicia grandemente, pero no lo logran si no hay un pueblo que responda a los sueños de liberación. Esto se logra cuando se le dedica el tiempo necesario, las energías, los medios suficientes a la organización de los beneficiarios de las políticas del buen vivir. La función administrativa de un presidente es corta, pasajera, no tiene una posición permanente. No así el pueblo que debe permanecer en su lucha, apoderándose de sus sueños, creando riqueza propia. Se puede decir, un pueblo haciéndose cada día más pueblo.

Creo que podemos afirmar sin peligro de equivocarnos, que los pueblos de América Latina ya no corresponden a los pueblos de los sesenta, de los setenta. Llevo más de 50 años de trabajar con el pueblo. Las mujeres de hoy no son las mujeres que yo conocí a fines de los sesenta sumisas y religiosas. Los jóvenes de muchas de nuestras comunidades y ciudades están conscientes de la necesidad de luchar por un futuro mejor. Un buen porcentaje de campesinos se ha apoderado de su propio destino, conoce de política, de economía, de tecnologías agrícolas. Este avance del pueblo no hay que dejarlo caer. Es cierto que estamos sumidos en “malos augurios” como escribe mi amigo Jorge Gómez Barata Gómez, pero “es preciso conservar la esperanza, luchar y confiar…” Tenemos que continuar el trabajo de concientización. Este es nuestro muro que nos permite aislar a Trumpistan que pronto estará regido por el nuevo caudillo, míster Trump.

Austin, Tx, 05 de enero de 2017


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