lunes, 16 de enero de 2017

¿SERÁN DE PAZ LOS DÍAS QUE VIENEN?

Chencho Alas

¿Qué se puede predecir para este año y los venideros? Mi amigo Jorge Gómez Barata, un gran cubano, nos pide que no perdamos la esperanza y hace alusión a la divina providencia que siempre está presente en nuestras vidas de distintas maneras. Así es, ¿pero qué nos viene?

¿Se fortalecerá Michel Temer de Brasil y Mauricio Macri de Argentina, los dos países más importantes de América del Sur, con la llegada de Trump a la Casa Blanca de Estados Unidos? ¿Habrá otros países que seguirán las mismas huellas neoliberales? ¿En qué situación quedarán los pobres de nuestras barriadas, de nuestros campos, la clase media que apenas está saliendo de la pobreza? Las preguntas abundan y por el momento no se tienen respuestas.

Hablamos y escribimos “de paz” pero ¿qué es paz? Hace unos 15 años un compañero de trabajo me hizo esa pregunta y no supe qué responder. Muchas veces usamos conceptos y frases sin tener una definición clara de ellos y así se convierten en clichés repetidos por todos a manera de engañarnos a nosotros mismos. Tal es el caso de los verbos querer y amar que se usan indistintamente, del concepto paradigma que no todos saben qué significa aunque lo usen y sobre todo cómo se forma, o de la frase “los niños son la esperanza del futuro”.

Busqué una definición en libros filosóficos, religiosos y en estudios sobre el tema y no encontré algo que me satisficiera. Esto me obligó a formular mi propia definición que se las ofrezco. Para mi “Paz es la constante recreación de la armonía entre el cuerpo y el espíritu a nivel personal y comunitario, en un ambiente ecológico, social, económico y político bueno y bello”.

Esta misma definición la podemos formular en el campo teológico: “Paz es la recreación constante de la armonía entre Dios y los humanos, los humanos entre sí y entre los humanos y la tierra”.

En primer lugar, la paz debemos definirla a nivel corporal e interno de la persona en la que se debe dar una armonía profunda. No podemos maltratar a nuestro cuerpo ingiriendo comidas o bebidas que sabemos nos van a hacer daño, nos van a hacer obesos, muy delgados, o vamos a perder el equilibrio mental. Esta misma armonía debe de manifestarse a nivel comunitario. Nuestros países sufren angustias de todo tipo porque hemos perdido el sentido de familia, de relaciones sociales, de construcción común de nuestro destino político, económico y social.

En segundo lugar, la paz es el fruto de una relación espiritual, respetuosa y sana con el medio ecológico. El Papa Francisco nos ha hecho ver en su “Carta Encíclica Laudato Si’ sobre el Cuidado de la Casa Común”, que la satisfacción del bien común solo se logra si se tiene “un desarrollo sostenido e integral”. Si “los desiertos exteriores se multiplican en el mundo es porque se han extendido los desiertos interiores.” Nos encontramos interiormente vacíos y por eso el agua, el aire, las técnicas de producción, la producción de basura… no nos importan. Trump ha prometido abolir las barreras de protección del medio ambiente en Estados Unidos logradas por Obama. ¿Le seguirán otros más? El mayor bien ecológico es el agua, desgraciadamente es en torno a ella que se dan la mayoría de pleitos. Es el problema número uno de Israel y Palestina.

Dejo para un segundo artículo la relación entre paz, economía y política por razón de espacio.

Termino mi definición con dos calificativos de la paz: “buena y bella”. En filosofía afirmamos que el ser es uno, bueno y bello. Así es, la paz es buena y bella. Una persona que vive en paz, irradia paz; un bosque que está bien mantenido o es virgen es bueno y bello, inspira. El agua cristalina que corre por la montaña hacia el mar atrae nuestra mirada y nos produce un gozo profundo.

La preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior son inseparables, nos afirma el Papa Francisco. ¿Estamos dispuestos a comprometernos con la paz, a exigirla a toda costa de nuestros gobiernos, de nuestros empresarios, de nuestra sociedad?

Este día 16 de enero celebramos el 25 aniversario de la firma de los acuerdos de paz de El Salvador. Los fusiles, las bombas, los aviones vomitando plomo, las desapariciones por antagonismos políticos y económicos ya no se dan, pero ¿ARENA acepta sentarse a la mesa de diálogo con el gobierno actual? No hasta el momento. ¿Se puede llamar a esa actitud pacífica? Sobre los intereses mezquinos de grupo está el bien del país, sobre todo el bien de los más pobres.

Austin, Tx, 16 de enero de 2017

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