viernes, 3 de febrero de 2017

GRANDEZA DE ESTADOS UNIDOS

Jorge Gómez Barata

Los Estados Unidos eran grandes antes de llegar Donald Trump, y lo serán aún después de que él se haya marchado. No se habla aquí de un país elegido por la Providencia para regir el mundo, aunque si de una excepción cuya relevancia da lugar a realidades y mitos.

Se trata de un país del Nuevo Mundo, única colonia devenida en potencia mundial, escenario de la primera revolución de la modernidad, la primera república democrática y estado de derecho gobernado por autoridades electas, y donde la división del poder asegura el gobierno colegiado.

Es un país gobernado por la misma constitución adoptada en su fundación y donde no se ha interrumpido el ritmo institucional, ningún presidente ha sido depuesto (aunque cuatro fueron asesinados), y donde sus ciudadanos, residentes y visitantes de todas partes del mundo han disfrutado de libertades y oportunidades de éxito económico.

Hacia Estados Unidos emigran y viajan millones de personas de todos los países y categorías: trabajadores, científicos, artistas, deportistas, profesores, estudiantes e investigadores, que reciben, aportan y enriquecen la vida social y cultural de la nación que los acoge, allegan mano de obra calificada, talento, laboriosidad, espíritu innovador e incluso capitales. Refuerzan la economía y hacen vigorosa a su sociedad, que se mantiene joven y reverdece con una indetenible riada humana.    

El sistema político estadounidense, que no es perfecto, es consecuente al asegurar razonablemente el ejercicio de los derechos básicos a todos los que permanecen en su territorio. Allí los indocumentados tienen derechos, sus hijos nacen ciudadanos.

Las particularidades de los Estados Unidos son tales que ni siquiera las personas desfavorecidas y maltratadas como los esclavos y sus descendientes, y los pueblos originarios, los repudian. Es conmovedor observar que ni siquiera la esclavitud, la segregación racial, y la discriminación, han logrado que los afroamericanos odien al que, con todos los derechos, es su país.

Definido como el país de emigrantes por excelencia, liberal, cultural, religiosa e ideológicamente plural y tolerante, en Estados Unidos la prensa independiente y el periodismo se convirtieron en magníficas formas de expresión de la opinión pública, y eficaces mecanismos de control social del poder.

Son las bondades de sus políticas internas y no solo las oportunidades económicas las que hacen atractivo a los Estados Unidos, cuyo comportamiento en el exterior es por muchas razones criticable, y con frecuencia combatido.

Las realidades y las tensiones del mundo moderno, la necesidad de preservar a su población, especialmente del flagelo del terrorismo, mantener el orden y regular ciertos procesos, entre ellos la emigración, justifican que las autoridades e instituciones estadounidenses legislen y establezcan las reglas pertinentes, sin suprimir los valores y las libertades que hicieron posible un fenómeno como los Estados Unidos.

Suprimir por decreto las mejores tradiciones norteamericanas, levantar muros en sus fronteras, gravar con impuestos exagerados los productos extranjeros para impedir que sean consumidos por los norteamericanos, no harán más grandes a los Estados Unidos, sino que arrojaran sombras sobre sus mejores cualidades.  

Donald Trump llama a “Hacer grande a Estados Unidos” que, si fueran empujados a renegar de su historia y sus valores, entre ellos el espíritu de acogida que los hace plurales, dejarán de ser lo que han sido en los últimos siglos. Allá nos vemos.

La Habana, 02 de febrero de 2017


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