jueves, 23 de febrero de 2017

LA PARÁBOLA BOLCHEVIQUE

Jorge Gómez Barata

La trayectoria de los bolcheviques, que cumple 100 años, comenzó en 1917. Su mejor creación fue la Unión Soviética, que colapsó en 1991, cerrando un ciclo político que, con luces y sombras, impactó a prácticamente a todo el mundo. La Revolución Bolchevique convirtió las ideas socialistas, algunas científicamente fundadas, otras constituidas por presunciones y utopías, en sostén conceptual de un nuevo régimen social, un modelo político, y un poderoso estado. El evento dividió al mundo en dos sistemas sociales, y creó una alternativa viable al capitalismo.
 
Desde la Unión Soviética, un territorio dos veces mayor que el de Estados Unidos, con una poderosa economía y un enorme poderío militar, se estructuró el movimiento comunista y obrero internacional, y mediante una gigantesca y sistemática labor de propaganda, se difundió el marxismo-leninismo por todo el mundo. En menos de diez años se organizaron partidos comunistas en toda Europa, Iberoamérica, y hasta en los Estados Unidos. En la coyuntura creada por la II Guerra Mundial, la URSS amplió su radio de acción a Europa Oriental, y de ahí a todo el mundo.

Entre 1917 y 1961 al campo socialista se sumaron una docena de países, con lo cual las fronteras del socialismo real, desde Moscú se extendieron por Europa, los Balcanes, China y Mongolia, y en 1961 alcanzaron La Habana. En ese momento el país soviético había fomentado un bloque militar conocido como Pacto de Varsovia, un organismo económico mundial denominado Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), y desplegaba exitosos programas de influencia política en el llamado Tercer Mundo.

Para sostener su proyecto, en 1956 la Unión Soviética se involucró en la política interna de Hungría, y en los años sesenta, de la mano de Cuba, se asomó a las fronteras de los Estados Unidos. Al igualar la paridad nuclear y liderar la carrera espacial, la correlación mundial de fuerzas se inclinó de su lado.

En 1968 la URSS intervino en Checoslovaquia. Todavía en la década de los setenta del siglo XX, las ideas socialistas, y de alguna manera el apoyo material soviético, ejercieron influencia en la evolución de los acontecimientos en Centroamérica y en varios países africanos, entre otros, Etiopia, Somalia, y Angola. En 1978 invadió Afganistán.  

Para frenar aquel desempeño se intensificó el anticomunismo, se desataron la Guerra Fría y la Guerra de Corea, así como diversas acciones en Europa y otros países. En Iberoamérica, para confrontar a la Revolución Cubana, se realizó la invasión por bahía de Cochinos, se entronizó la Alianza para el Progreso, se pusieron en práctica maniobras de contrainsurgencia, seguridad nacional, y conflictos de baja intensidad, que confrontaron el movimiento de liberación nacional; se respaldaron dictaduras, y se libró la guerra sucia contra Centroamérica. Hitos fueron el derrocamiento de Salvador Allende y el Plan Cóndor.

El imperialismo no obtuvo los resultados esperados. La Unión Soviética era literalmente imparable. Aunque con su prestigio lesionado y sin ser un modelo de eficiencia, su economía producía lo suficiente para sostener las conquistas sociales y los consumos de su pueblo, y financiar aquel gigantesco proyecto político.

Sin embargo, desde los primeros años, todavía en vida de Lenin, se manifestaron “defectos de origen” relacionados con la desmesura del proyecto, que intentó realizar una “revolución mundial” y “construir una nueva sociedad”, a lo cual se sumaron malformaciones estructurales y déficits relativos a la democracia y a ciertas libertades, deficiente funcionamiento del estado de derecho, y otros problemas que podían ser resueltos mediante reformas económicas y políticas que incluso Lenin, Rosa Luxemburgo, Trotski y otros líderes habían esbozado.

Nadie se percató de que el gigantesco y eficaz organismo creado por los bolcheviques mediante la Revolución, fue infestado en los primeros años por el estalinismo, un virus maligno que, por los vasos comunicantes de la práctica política, se trasladó a todos los países, partidos, y organizaciones comunistas, socialistas, obreras y de izquierda de todo el mundo. Aun cuando desde 1956, el Partido Comunista de la Unión Soviética denunció el estalinismo, no fue posible una rectificación que corrigiera los déficits, porque la toxina lo impidió. La implosión fue inevitable.

En el Centenario de la Revolución Bolchevique se impone no solo el homenaje a su heroísmo, sino las reflexiones acerca de los factores que hicieron que aquel magnifico y exitoso proyecto, se convirtiera en un esfuerzo fallido. Luego les cuento más. Allá nos vemos.

La Habana, 22 de febrero de 2017


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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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