martes, 21 de febrero de 2017

LA PRENSA Y EL PODER

Jorge Gómez Barata

Quien, en cualquier parte y con cualquier argumento, califique a la prensa como “enemiga del pueblo”, incurre en un equívoco. La prensa, incluidas la radio, la televisión y las redes sociales, son hijas de la democracia, de ahí que hayan prosperado en occidente. En Estados Unidos, en el ambiente creado por la revolución y la fundación de la república, fue donde primero se estableció como un derecho: “El Congreso no aprobará ninguna ley…que coarte la libertad de palabra o de prensa…

El hecho de que la enmienda aluda a las libertades de palabra y prensa indica que, si bien no se concede a los periodistas libertades mayores que las otorgadas a los ciudadanos, se admite el uso de medios (periódicos) que superen las posibilidades privadas. La libertad de pensar y hablar incluye la de investigar, procurar información y publicarla, disentir, debatir, y confrontar al poder. La prerrogativa se extiende a la protección de las fuentes, así como a las expresiones culturales y artísticas, incluido el humor, la caricatura y la opinión. 

La prensa moderna, además de un negocio, es un servicio público sin el cual la sociedad actual, la democracia, y el confort intelectual son inconcebibles. Los periódicos y revistas son la expresión más masiva, sistemática, y barata de promoción del hábito de lectura y del consumo informativo, base de la cultura política del pueblo, que como la prensa, es variada, plural y diversa.

Los periódicos y revistas contemporáneos cuentan con secciones científicas, culturales, religiosas, de espectáculos, deportes, modas, e incluso cocina, aportando elementos sobre historia, geografía y otros. Junto a la escuela, la prensa es la principal fuente de cultura popular. Al promover la libertad de información se protege el derecho del pueblo no solo a informarse sino también a instruirse. 

Salvo excepciones, los ataques o los intentos por limitar la libertad de expresión provienen de los gobiernos, y a veces de las religiones, mientras que los despliegues de tales prerrogativas tributan a los intereses populares, en especial al conocimiento de los ciudadanos sobre el desempeño de los gobiernos elegidos por ellos. La prensa independiente, privada o pública, es el más eficaz mecanismo de control social del poder.

Algunas anécdotas recientes ilustran las bondades de esta conquista.   

En 1969, Daniel Ellsberg, analista de la Corporación Rand, obtuvo documentos secretos que comprometían la credibilidad de los gobiernos de Kennedy y Johnson, los cuales entregó al New York Times, que el 13 de junio de 1971 inició su publicación. Se les llamó “Papeles del Pentágono”.

El diario reveló que el gobierno conocía que la guerra de Vietnam difícilmente podía ser ganada, cosa que ocultó al público y al Congreso. Inmediatamente la administración advirtió al Times que la publicación violaba la Ley de Espionaje, y la gestión se paralizó. El 30 del propio mes, invocando la Primera Enmienda, la Corte Suprema determinó que el periódico podía continuar la publicación de los documentos, que a la larga, tuvieron una influencia decisiva en el movimiento antibelicista y probablemente en el desenlace del conflicto.

Con matices parecidos y consecuencias más drásticas, en 1972 el Washington Post se involucró en la investigación periodística del caso Watergate, que reveló un entramado de corrupción política cuyo centro radicaba en la Casa Blanca, e involucraba personalmente al presidente Richard Nixon, que finalmente fue obligado a renunciar.

Recientemente los casos de WikiLeaks y su protagonista Julián Asange, así como el de Chelsea (Bradley) Manning, han realizado gigantescas filtraciones, beneficiando el conocimiento del público sobre la actividad del gobierno, y obligando a una gestión más trasparente. 

Al momento de escribir estas notas comienza a expandirse el debate del presidente Donald Trump con prácticamente toda la prensa de su país, que muy lejos de ser perfecta y es culpable de infinidad de faltas y de servir a innobles causas, es también uno de los pilares del sistema democrático, que es preciso preservar de las tendencias autoritarias.

En aquel país, donde prácticamente el único ámbito abierto a la participación popular es la prensa y los medios de difusión, el debate puede ser decisivo no solo para Estados Unidos. Allá nos vemos.

La Habana, 20 de febrero de 2017

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⃰* Primera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos, 1789
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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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