jueves, 2 de febrero de 2017

LAS MUJERES A LA PISTA

Jorge Gómez Barata

Cuando, como ha comenzado a ocurrir en Estados Unidos, las mujeres se involucran en la política, suelen tornarse extraordinariamente influyentes, no solo porque son la mitad o más de la población, y porque debido a sus roles sociales promueven sentimientos de respeto y consideración. Ellas no pugnan por el poder, no plantean reclamos gremiales ni salariales, y no reclaman tierras. En la política las mujeres reivindican derechos naturales y fundamentales, condenan abusos y arbitrariedades. Como en otros momentos de la vida, no piden para ellas, lo cual las hace fuertes y creíbles. 

La manifestación femenina del pasado 21 de enero en Washington, Nueva York y otras ciudades estadounidenses recordó un episodio y un movimiento sumamente importante, aunque pocas veces aludido en las reflexiones sobre Estados Unidos, el sufragismo, y en particular a la Convención de Seneca Falls, Nueva York (1848), que señaló un punto de partida del movimiento feminista en los Estados Unidos, probablemente el país desarrollado donde más han luchado las mujeres por su emancipación, y donde menos han avanzado.

La mujer norteamericana, pionera en la integración al trabajo, porque el capitalismo necesita abundante mano de obra, brilla desde hace más de un siglo en Hollywood, y aporta más estrellas al cine y al espectáculo en general que el resto del mundo junto. No obstante, en cuanto a féminas con rango político, Estados Unidos está por detrás de Pakistán, Filipinas, Argentina, Costa Rica, Liberia y otros cincuenta países donde el liderazgo femenino se ha expresado en la elección de mujeres como jefas de estado y gobierno.

Tal vez porque nadie es profeta en su tierra, la única norteamericana que ha gobernado un país fue Janet Jagan, presidenta de Guyana en 1997. Grace Kelly y Lisa Hallaby tuvieron oportunidades y brillaron como reinas en Mónaco y Jordania.

Lo preterido de las mujeres en los Estados Unidos se expresa, entre otros fenómenos, en la cuestión del derecho al sufragio. No fue hasta 1920 cuando, mediante una concesión tardía, la Decimonovena Enmienda a la Constitución otorgó a las mujeres el derecho al voto. Entonces habían transcurrido 144 años desde la Declaración de Independencia, cincuenta y cinco desde de la abolición de la esclavitud, y transcurrido medio siglo después que la 15° Enmienda se lo concediera a los ex esclavos y a los afroamericanos nacidos libres.  

El hecho de que algunas de las más famosas, exitosas, y bellas mujeres de Estados Unidos, entre ellas Madonna, Alicia Keys, Ashley Judd, América Ferrera, Jessica Chastain, Amber También, Emma Watson y otras decenas de ellas hayan tomado la vanguardia en las recientes manifestaciones asociadas a la toma de posesión del presidente Trump, son un inequívoco signo de que el cambio en la mentalidad y la participación política en la sociedad norteamericana madura rápidamente.    Tal vez alguna de ellas u otra de ese perfil logre lo que Hillary Clinton no pudo. 

Las mujeres han salido a la palestra y su presencia no solo unge con miel la lucha por causas sociales, sino que también les aporta una determinación muchas veces corroborada. El algún lugar del vasto país habrá una fémina capaz de emular a Eva Perón, Golda Meyer, Indira Gandhi, Sirimavo Bandaranaike, Corazón Aquino, Benazair Bhutto o Margaret Thatcher. Es la hora. Allá nos vemos.   

La Habana, 02 de febrero de 2017


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