lunes, 13 de febrero de 2017

LO NUESTRO

Jorge Gómez Barata

Veinticinco años atrás, cuando la televisión satelital fue técnica y comercialmente viable, aparecieron grandes cadenas de televisión en idioma español en los Estados Unidos, lideradas por UNIVISIÓN y TELEMUNDO, y la mexicana TELEVISA, todas con amplia cobertura y audiencias multimillonarias, entre los hispanos en Estados Unidos y los países iberoamericanos.

Como parte de sus políticas editoriales, aquellas entidades mediáticas, cada una a su manera, se propusieron divulgar los méritos de las personalidades y realizaciones de los hispanos en Estados Unidos y los países latinoamericanos. Así surgieron proyectos como: “Lo Nuestro”, “Orgullo Hispano” “Belleza Latina” y otros que, aunque constituían operaciones de mercadotecnia, contribuyeron a reivindicar el aporte latino en los campos del arte, la cultura, el espectáculo, el deporte, los negocios, la moda y otros.

Entonces escuché un comentario sobre aquellos ejercicios donde se reclamaba un mayor esfuerzo para resaltar, además de las figuras relevantes en la farándula, algunos importantes proyectos económicos públicos y privados como PEMEX, PDVESA, PETROBRAS, YPF y otras empresas, que colocaban a América Latina en la parte alta de la lista de los mayores consorcios del mundo, destacando su aporte al desarrollo nacional y continental. 

Un cuarto de siglo después de aquella sugerencia el balance es desalentador. Aunque, según indicadores macroeconómicos, México, Brasil y Argentina han logrado colocarse entre las economías emergentes y ocupar lugares destacados, ningún país latinoamericano ha logrado el desarrollo ni ha conseguido avances sustanciales en la erradicación de la pobreza y la desigualdad, así como en la aplicación de políticas sociales apropiadas.

De “Lo nuestro” y del “Orgullo Latino”, además de los propios emporios mediáticos como Televisa, O Globo y otros, formaban parte también grandes empresas privadas. El conjunto sumaba evidencias del talento y la capacidad gerencial de sus ejecutivos y accionistas. Aunque en otra escala, eran la prueba de que América Latina podía generar emprendedores del perfil de Rockefeller, Du Pont, Ford, Charles Goodyear y otros, capaces de manejar empresas cuyos lucros, aunque de carácter privado, generaban miles de empleos, contribuían al desarrollo nacional y ofrecían una imagen positiva de nuestros países.   

Al despertar del sueño desarrollista encontramos que, golpeadas por las prácticas neoliberales, mal administradas, plegadas al establishment oligárquico local, en parte privatizadas y deformadas por la corrupción, con pocas excepciones, las grandes empresas públicas no lograron consolidarse como bastiones del desarrollo y locomotoras del progreso, y algunas de las privadas, en lugar de orgullo resultaron ser una vergüenza.

Tal es el caso, entre otros menos notorios de Petrobras y la mega constructora brasileña Odebrecht, convertidas en eje del mayor escándalo de corrupción del hemisferio, que involucra a decenas de empresas públicas y privadas, y afecta directa e indirectamente a funcionarios de alto perfil, incluyendo a varios presidentes de una docena de países.

Con pagos de coimas y sobornos se aproximan a los mil millones de dólares en menos de diez años. La corrupción llegó a las esencias del sistema político cuando sirvió incluso para la financiación ilegal de campañas electorales. Para más desgracia, algunos gobiernos progresistas han sido salpicados.

Una vez más lo que pudo ser el orgullo por “Lo Nuestro” deviene frustración. Se trata de otro fracaso del que no es posible culpar al colonialismo ni al imperialismo, y cuya solución no transita solo por la política, sino que también involucra a la ética y los valores, y arroja dudas sobre la viabilidad del sistema político tal como funciona en nuestros países.

Aunque es difícil encontrar algo positivo en el affaire que envuelve a casi toda América Latina y que evidencia el carácter estructural de la corrupción, queda la experiencia y la enseñanza. No basta con que algo sea nuestro y tenga un éxito temporal. Necesita ser probo, eficaz y soportar la prueba del tiempo.  Allá nos vemos.

La Habana, 13 de febrero de 2017

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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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