miércoles, 1 de febrero de 2017

PROHIBICIONES Y MUROS NO SON SOLUCIONES

Jorge Gómez Barata

A diferencia de otras religiones, el islam no cuenta con una jerarquía mundial, ni con un centro como el Vaticano, tampoco con un liderazgo semejante al ejercido por el Papa. Por el contrario, las diferentes ramas de esa fe, principalmente chiitas y sunitas suelen enfrentarse entre sí.

Por tanto, no existe ni puede haber un proyecto político musulmán consensuado a escala global que apueste por la violencia y acuda a prácticas terroristas. Todas las organizaciones de ese corte y matriz islámica son de carácter local, y están regidas por liderazgos de perfiles caudillistas.

Las organizaciones terroristas, islámicas o no, son entidades reaccionarias, contrarias al progreso y a cualquier expresión de democracia. Ninguna tiene respaldo popular significativo, no son ponentes de proyectos de liberación nacional o social, y sus jerarcas no son patriotas. En sus respectivos países las entidades terroristas son minoritarias, clandestinas y, en no pocos casos, repudiadas por los pueblos y por las jerarquías religiosas.

Aunque no existen datos exactos, porque en muchos países los censos no reflejan las creencias religiosas, se estima que en el mundo existen más de 1 500 millones de musulmanes. De ellos unos mil millones están en Asia, quinientos millones en África, cincuenta en Europa y otro tanto en África. En las Américas llegan a siete, y en Oceanía se aproximan al millón. En su mayoría se trata de personas pobres, la mitad mujeres, que no solo no están en capacidad de practicar el terrorismo, sino que ni siquiera participan en la política.

Según cálculos realizados a partir del registro de las actividades terroristas y del escaso conocimiento que se tiene de esas organizaciones, se estima que los musulmanes reclutados por formaciones terroristas permanentemente activas, principalmente en Oriente Medio y África, no superan los 50 000 efectivos, entre los cuales se cuentan los reclutados obligatoriamente, incluyendo jóvenes y niños*.

En cuanto a islámicos radicalizados que habitan en Europa, Estados Unidos, y los llamados “lobos solitarios” que no están encuadrados en organizaciones y se involucran por su cuenta en acciones terroristas, las cifras son mínimas. Por ejemplo, en toda Iberoamérica los registrados por servicios de inteligencia como potencialmente peligrosos no pasan de unas decenas.

El terrorismo de matriz islámica, una forma no estatal extremadamente violenta, peligrosa, cruel e injustificada de confrontar, e intentar destruir o quebrantar la civilización, los valores, y los estilos de vida occidentales; no es un fenómeno masivo ni popular. Precisamente por su falta de identidad ideológica y política, y su forma clandestina de actuar, el combate contra el terrorismo de matriz confesional es extremadamente difícil.  

Estas peculiaridades arrojan dudas acerca de la efectividad de medidas como las adoptadas por Estados Unidos, que penalizan a alrededor de 210 millones de personas de siete países musulmanes, la mayoría de los cuales no se involucran con el terrorismo, lo repudian, y jamás han pensado viajar a los Estados Unidos. Más práctico seria investigar y decidir sobre aquellos que solicitan visas y son elegibles para obtenerlas.

Ofender al islam, provocar a sus fieles, y dictar medidas colectivas ineficaces, no solo no resuelve ninguno de los problemas asociados al terrorismo, sino que incentiva los odios y las reservas. Obviamente Estados Unidos y las grandes potencias aliadas en la lucha contra ese flagelo cuentan con recursos más eficaces, y con menos daños colaterales. Allá nos vemos.

La Habana, 01 de febrero de 2017

………………………………………………………………………
⃰* Naturalmente no se incluyen los musulmanes que en Afganistán, Irak, Siria, Líbano, Yemen y otros países predominantemente musulmanes, se involucran en la lucha armada contra agresores e invasores extranjeros, lo cual no los convierte en terroristas.     


No hay comentarios:

Publicar un comentario