martes, 28 de febrero de 2017

Y DESPUÉS… ¿QUÉ?

Jorge Gómez Barata

Cuando vinieron a buscar los comunistas, guardé silencio…yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, no dije nada, yo no era socialdemócrata…
Cuando vinieron a por los judíos no pronuncie palabra. Yo no era judío
Cuando al fin vinieron por mí, nadie protestó. No había nadie que pudiera protestar.

Bertolt Brecht

Coyunturalmente, por diferentes razones, las estructuras sociales se convierten en planos inclinados por donde, con discursos circunstanciales y atractivos, el autoritarismo se desliza y avanza de manera imperceptible hasta invadir el organismo social. Las democracias, sustentadas en los preceptos de la soberanía popular y formadas por instituciones y mecanismos de control social del poder, diseñados para contrarrestar tales tendencias, a veces fallan.

No se trata de que en su cruzada contra la gran prensa estadounidense, al presidente Trump le falte razón. El riesgo consiste en que la falta de moderación conlleve a “con el agua sucia botar la criatura”. Primero se expulsó a Jorge Ramos de una conferencia de prensa, luego se les negó la palabra a reporteros de determinados órganos, y ahora, de modo selectivo, importantes y numerosos medios de difusión son excluidos de actividades imprescindibles para cumplir el cometido de informar a la opinión pública. 

La filosofía no aporta novedades. Son palabras escuchadas antes. Según el presidente Trump, ciertos medios son enemigos del pueblo, difunden mentiras, cubren selectivamente determinados sucesos, acogen filtraciones y amparan fuentes anónimas. La solución radica en remediar tales faltas, sin incurrir en otras mayores.

Está por ver cuál será el próximo paso. Si la impunidad permite proseguir la escalada, probablemente se llegue a un punto en el cual, invocar a Bertolt Brecht no sea una metáfora.

La prensa, incluidas la radio, la televisión, las agencias cablegráficas y más recientemente las redes sociales, nacieron y se desarrollaron como parte de sociedades regidas por la democracia liberal, y no en oposición a ellas. La prensa es parte del sistema capitalista, y no una alternativa al mismo. Actúa según las reglas, se constituye en empresas y en pilares del sistema político. 

No obstante, como parte del progreso social y de procesos políticos concretos, especialmente en los países más avanzados, tuvo lugar una especie de decantamiento, por medio del cual, los periódicos y revistas, según sus respectivas líneas editoriales, sostenidas por dueños, editores y periodistas, reproducen las tendencias y corrientes predominantes en la sociedad.

Surgieron así los periódicos liberales, progresistas, conservadores, reaccionarios; unos avanzados y otros francamente retrógrados. Algunos extremistas. En ese esquema, la prensa liberal en América Latina asumió los enfoques anti oligárquicos. En el siglo XX, al encuentro de esos procesos avanzaron las corrientes socialistas y comunistas, las cuales, en medio de enormes dificultades, fundaron sus propios órganos de prensa.

Los periódicos, revistas, agencias de noticias, así como la radio y la televisión, sin perder sus perfiles ideológicos y sus preferencias políticas, adoptaron las modalidades empresariales del momento. Algunos medios se transformaron en grandes empresas, se unieron o absorbieron a otros, y algunos alcanzaron relieve mundial.

Como mismo ocurrió en otras áreas, las megafusiones dieron lugar a que en Estados Unidos y otros países unas pocas firmas monopolicen los mercados, lo cual les otorga extraordinarias posibilidades políticas. El proceso se operó también en países de América Latina, donde las consecuencias son todavía más nefastas.

En 1917 con el advenimiento del socialismo en la Unión Soviética, apareció un nuevo modelo de prensa basada en la llamada propiedad social, financiada y editorialmente regida por el estado y los partidos dirigentes en esos países. En la década de los cuarenta el esquema se extendió a toda Europa Oriental y China, y en los años sesenta llegó a Cuba, sin aportar un cambio a una calidad superior.  

Quienes militan en el partido de los optimistas, yo entre ellos, apuestan a que tal como ha ocurrido hasta ahora, sorteando enormes obstáculos, el progreso impondrá sus reglas, y pese a retrocesos circunstanciales, la humanidad avanzará hacia conquistas mal altas. Con ella irá la prensa. Tal vez la prensa estadunidense, todopoderosa y por ello habituada a actuar impunemente, necesitaba una lección de humildad. Allá nos vemos.

La Habana, 27 de febrero de 2017

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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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