viernes, 3 de marzo de 2017

ALERTA MUNDIAL

Jorge Gómez Barata

Las propuestas que, en twitter, discursos, y respuestas el presidente Donald Trump reitera constantemente, no son ajustes ni reformas, sino una deconstrucción del sistema-mundo edificado por los Estados Unidos. No se trata de una opción para el progreso, sino un retroceso con el cual nadie puede ganar.

Además de probablemente irrealizable y políticamente irrentable, es difícil creer que a Estados Unidos le convenga introducir criterios capaces de desestabilizar los mecanismos de seguridad colectiva mundial, la estructura trasatlántica y la globalización, sostenida en pilares como la ONU, la OTAN, la Unión Europea, la Organización Mundial de Comercio y otros instrumentos bilaterales y multilaterales. Se trata de un tejido político, económico, y militar que permite a la superpotencia controlar los acontecimientos de alcance global.

Se trata de una arquitectura cohesionada mediante presiones, incentivos y normas reguladoras de las relaciones internacionales, cuya construcción comenzó cuando Estados Unidos se involucró en la Primera Guerra Mundial, y auspició la creación de la Sociedad de Naciones, antecedente para la formación de la ONU.

Los resultados de la II Guerra Mundial de la cual Estados Unidos emergió económicamente más fuerte, políticamente dominante, en posesión del monopolio nuclear y hegemónico respecto a todo el mundo, excepto el área de influencia soviética. Todo ello ofreció oportunidades que las administraciones norteamericanas aprovecharon para imponer su diseño. 

Por su cuenta, Estados Unidos impulsó la creación de las instituciones de Bretton Woods (1944), y el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (1947), transformado luego en la Organización Mundial de Comercio. Aunque aquel esquema mundial no fue concebido para la Guerra Fría, expectativa que no existía en vida de Roosevelt, sirvió a sus fines, y fue reforzado con el plan Marshall y la solución de la ocupación de Alemania y Japón.

La distención internacional y más tarde la desaparición del socialismo en Europa Oriental y el colapso de la Unión Soviética completaron el esquema, reforzado por multitud de acuerdos y alianzas, entre ellas los tratados de libre comercio, que en conjunto forman una compleja urdimbre, cuya desestabilización resultaría inevitablemente catastrófica para la economía mundial, y también para la de Estados Unidos.

Al margen de las reacciones provocadas por su particular estilo, el presidente Trump parece tener razones en algunas de sus consideraciones, y derecho al tratar de hacer prevalecer los intereses de su país. No obstante, debe tomar las previsiones que eviten la paradoja de los conquistadores de Roma que destruyeron un orden que no fueron capaces de sustituir. Las alarmas suenan en todas partes. Allá nos vemos.

La Habana, 02 de febrero de 2017

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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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