sábado, 4 de marzo de 2017

EL OLOR DE SANTIDAD*…

Jorge Gómez Barata

Como en “olor de santidad”, el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak y el Kremlin, miran los toros desde la barrera, mientras en la capital norteamericana se preguntan: ¿Qué tiene el discreto y poco accesible diplomático ruso para atraer a personalidades de la política estadounidense?

Con frecuencia se divulgan hechos en los cuales algunos embajadores, principalmente de las potencias, son impugnados por entrometerse en los asuntos de algún país, aproximarse indebidamente a elementos del establishment local o tratar de reclutarlos. Al revés no suele ocurrir.

Recientemente en Washington, la prensa y círculos del Congreso han impugnado a varios altos cargos de la recién estrenada administración, entre ellos el asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, y hace poco al fiscal general, Jeff Sessions, no solo por relacionarse con el embajador ruso Sergey Kislyak, sino por negar tales contactos y escamotear su contenido.

Con 66 años Kislyak, un diplomático sobreviviente de la Guerra Fría que, entre 1977 y 1989 sirvió a la Unión Soviética en la ONU y Washington y luego a Rusia, se ha convertido en una referencia diaria, no por la tradicional enemistad entre los gobiernos de Moscú y Washington, sino por todo lo contrario.

En el caso de Flynn, los coqueteos le costaron el cargo al revelarse que comentó con el embajador asuntos de política interna, lo cual está expresamente prohibido por la ley Logan dictada en 1799, y varias veces invocada contra personas que, sin estar mandatadas para hacerlo, han establecido algún tipo de negociación con gobiernos extranjeros. Aunque nunca se aplicó, la legislación fue mencionada para impugnar al Senador George McGovern y al reverendo Jesse Jackson por viajar a Cuba, y reunirse allí con el entonces presidente Fidel Castro.

El pasado jueves, menos de un mes después que el asesor de seguridad nacional Michael Flynn fue obligado a renunciar por sostener contactos con el embajador Kislyak y mentir sobre ellos; Jeff Sessions, recién nombrado Fiscal General, admite haberse reunido en dos oportunidades con el diplomático.

Las críticas no solo conllevaron a la demanda de renuncia, sino a la solicitud de que sea nombrado un investigador o fiscal especial, para indagar acerca de las relaciones de funcionarios de la actual administración con los rusos. Lo paradójico es que, de aprobarse una investigación, correspondería al Fiscal General realizar las providencias.

Debido a que Jeff Sessions no podría investigarse a sí mismo, se ha declarado dispuesto a “recusarse”, es decir, apartarse de la investigación, dando paso al costado o renunciando. En cualquier caso, los efectos para la administración serian devastadores.

El entuerto se agrava porque, en enero pasado, declarando bajo juramento ante el Senado, el ahora Fiscal General afirmó que “no tenía contactos con los rusos”, lo cual él mismo desmintió al confirmar que, en calidad de Senador, se había encontrado en dos oportunidades con el diplomático. El presidente Donald Trump dijo no conocer de tales contactos que tuvieron lugar cuando aún no era presidente, ni Sessions funcionario del gobierno.

El affaire en Washington y otros hechos espectaculares, incluso dramáticos, mantiene en las primeras páginas a la diplomacia rusa.  El 20 de diciembre en Ankara fue asesinado Andrei Karlov, embajador en Turquía, y el 19 de febrero, en su puesto de trabajo, victima un infarto, falleció repentinamente Vitali Churkin, embajador de la Federación Rusa en Naciones Unidas. 

La diplomacia rusa no podía prever tales eventos. Dos de ellos infaustos y el otro extremadamente raro, aunque tampoco evitar que la coloquen en los primeros planos sobre todo porque, por primera vez, Rusia, otrora parte del “imperio del mal”, es inocente. Incluso según el embajador en Washington: “Un daño colateral” de las pugnas internas. Así las cosas. Allá nos vemos.

La Habana, 3 de marzo del 2017

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Dícese de cierto aroma que emanan los santos. En sentido figurado. Condición de inocencia.   
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Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   

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