lunes, 27 de marzo de 2017

LECCIONES Y PELIGROS

Jorge Gómez Barata

El modo pragmático como Estados Unidos, la Unión Soviética y otras potencias vencedoras en la II Guerra Mundial, trataron a los países derrotados y sus poblaciones, especialmente a Alemania y Japón, evidencian la determinación de los estadistas de entonces, por pasar la página y sanar las heridas de la guerra.

En realidad, debido a las influencias culturales derivadas de los vínculos con Europa, incluida la colonización, el perfil ideológico de los líderes de la región, así como lo tardío de la independencia nacional, la descolonización afroasiática condujo a la instalación de estados laicos y relativamente modernos en los países musulmanes de Oriente Medio y África del Norte.

En casi todos los países que accedieron a la independencia después de la II Guerra Mundial, se registraron formidables avances y sus líderes: Nasser, Burguiba, Senghor, Hafiz al-Assad, Kadaffi, Ben Bella, como también Sukarno, Sekou Touré, Houphouët-Boygny, se proyectaron como figuras progresistas.

Un elemento decisivo en la involución de los procesos en Oriente Medio fue la intervención de Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos a favor de las firmas petroleras, lo cual dio lugar a hechos tan contradictorios como el derrocamiento de Mohammed Mossadeg, el primer gobierno liberal, laico y democrático en Irán, para amparar el restablecimiento de la monarquía lo cual creó premisas para el triunfo islámico de 1979 y la formación de un estado teocrático.

El resto de la historia es conocida y ha hecho prevalecer la máxima de que: “Violencia engendra violencia”. El abuso contra los palestinos, las conspiraciones contra los gobiernos árabes, la reacción frente al derrocamiento del sha en Irán, la Guerra del Golfo Pérsico, las invasiones de Irak y Afganistán tras los atentados del 11 de Septiembre y más recientemente el amparo a la guerra sucia en Siria, han creado situaciones que favorecen diversas formas de violencia.

Esas situaciones que, Barack Obama intentó administrar, pueden agravarse por los enfoques de la actual administración que sanciona países, criminaliza la fe islámica e incentiva la islamofóbica, promoviendo una peligrosa escalada. El conflicto de civilizaciones no es inevitable pero es un riesgo. Alentarlo puede generar terribles consecuencias, entre ellas un conflicto global. Ojalá no ocurra. Allá nos vemos. 

La Habana, 26 de marzo de 2017


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