martes, 7 de marzo de 2017

MIRADA AL FONDO DE LA IZQUIERDA

Jorge Gómez Barata

Durante más de medio siglo, la izquierda mundial estuvo dividida y confrontada por posiciones políticas, concepciones teóricas, y prejuicios ideológicos. En América Latina tales circunstancias tuvieron trágicas consecuencias.

El centenario de la Revolución Bolchevique será más fructífero en la medida en que propicie una mirada al fondo de las corrientes progresistas contemporáneas, y dé lugar a reflexiones acerca de la pertinencia de cobijar esas líneas de pensamiento bajo el común denominador de izquierda.

La izquierda, como se le conoce hoy, se originó a mediados del siglo XIX en Europa Occidental, cuando en la misma época y escenario histórico convergieron la revolución industrial, el predominio de la ideológica liberal en los ámbitos económico, político y cultural, y el dominio de la burguesía basada en la democracia. En aquella etapa eran palpables la debilidad de los estados, y la ausencia de regulaciones de todo tipo, especialmente laborales y sociales. 

Entonces, en respuesta al llamado “capitalismo salvaje”, junto al liberalismo, alimentadas por la argumentación marxista, prosperaron el socialismo, la socialdemocracia, y las ideas socialcristianas, corrientes políticas que han caracterizado los siglos XIX, XX y están todavía vigentes.

Precisiones aparte, aquellas corrientes coincidían en cuestiones esenciales de las luchas sociales y políticas, mientras se diferenciaban en asuntos asociados con las tácticas de lucha y los niveles de radicalismo con que auspiciaban los cambios políticos, en los cuales, en general, concordaban. Realmente, las diferencias se convirtieron en oposición por factores coyunturales, que desafortunadas circunstancias históricas hicieron permanentes.

Aunque entre Carlos Marx y los líderes socialdemócratas y socialcristianos de su época hubo intensos debates, la ruptura entre marxistas y socialdemócratas ocurrió mucho después, cuando diputados de aquellos partidos votaron a favor de los créditos de guerra, sumándose a las manipulaciones patrioteras asociadas a la Primera Guerra Mundial, lo cual, con razón, fue repudiado por los bolcheviques.

El triunfo de los bolcheviques, la intensidad de la confrontación internacional, la prematura muerte de Lenin, la pugna por el poder entre Stalin y Trotski, el estalinismo, que durante treinta años contaminó el pensamiento y la práctica marxista y extendió el predominio del dogmatismo y el inmovilismo, hicieron permanentes desavenencias al interior de la izquierda que el diálogo, la cooperación, y la aceptación de la diversidad pudieran haber resuelto.

Actualmente, cuando los excesos ideológicos y el sectarismo de épocas pretéritas se han atenuado en todo el mundo, especialmente en América Latina se presentan condiciones propicias para un reencuentro de las corrientes políticas y las actitudes progresistas, no solo a nivel político, sino incluso estatal, facilitando el diálogo entre diferentes concepciones.

Aunque para las plataformas sociales existen espacios de diálogos y coordinación, se echa en falta una entidad política de carácter internacional permanente, que permita la real concertación teórica y práctica entre las organizaciones de izquierda, y un ejercicio real de la coordinación política.

La unidad en la diversidad, propuesta en la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), debería contar con una expresión política. Tal vez ha llegado ese momento. Allá nos vemos.

La Habana, 06 de marzo de 2017

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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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