viernes, 24 de marzo de 2017

RUSIA EN LA COMPETENCIA GLOBAL

Jorge Gómez Barata

Un hipotético desarme nuclear, elevaría la relevancia internacional de China, Japón, Alemania y otros países que se volverían políticamente más relevantes frente a Estados Unidos, mientras Rusia se degradaría.

Sin aliados políticos ni productos industriales competitivos, sin ofertas ideológicas innovadoras y con un modelo político carente de atractivos, la potencia eslava debe su poderío a la capacidad de disuasión e intimidación de su arsenal nuclear, cohetería estratégica y a la flota de submarinos. A ello suma el escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU donde disfruta de potestad de veto.

La Rusia actual es un país capitalista, regido por una democracia cooptada en la cual se mezclan precedentes de la autocracia zarista, el estalinismo, el socialismo real y elementos del liberalismo occidental. Ese híbrido es funcional con una cultura nacional de la cual el autoritarismo forma parte.

Esos rasgos explican la vigencia del zarismo durante más de trescientos años, el reiterado acatamiento de liderazgos unipersonales como los de Stalin, Kruzchov, Brézhnev, Gorbachov, Yeltsin y más recientemente de Vladimir Putin, convertido en un estadista de talla mundial.

Putin ha desarrollado la capacidad para servirse de la tradición rusa de sacralizar los liderazgos y, a pesar de romper con el comunismo y ser protagonista en la demolición de la Unión Soviética, continua siendo relativamente simpático para la izquierda tradicional de matriz marxista, incluso para procesos emergentes donde se le admira y se le cita como un paradigma.

Con la reconstrucción de la economía nacional, la consolidación del protagonismo internacional, la paralización del desplazamiento de Ucrania hacia la OTAN, el apoyo a la separación de los territorios ruso hablantes de Donéts y Lugansk y las relampagueantes maniobras que condujeron a la anexión de Crimea, el presidente ruso ha mostrado determinación, audacia y talento para maniobrar en las procelosas corrientes de la política mundial.

Capítulo aparte es la serenidad y eficacia conque la administración rusa ha administrado las sanciones impuestas por occidente, reconstruido las relaciones con Turquía y estrechado los vínculos con Irán sin dañar las relaciones con Israel.

En la proyección internacional rusa ha resultado decisivo el involucramiento en la guerra en Siria que le ha permitido salvar el gobierno de al-Assad, convirtiéndose prácticamente en el factor determinante de esa crisis y árbitro para cualquier solución internacional. En cualquier caso Rusia se ha asegurado una presencia militar y política permanente en la región del Oriente Medio.

La guinda del pastel es haberle atribuido a Rusia y a sus servicios especiales capacidad para interferir e incluso decisivamente en los resultados de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos cosa que, de ser cierta, significa un importante cambio en la correlación de fuerzas y de resultar falsa, es un regalo del cual Putin extrae importantes beneficios, sobre todo en términos de imagen.

Lo cierto es que, desde su llegada al poder, Rusia y Putin no han hecho otra cosa que acumular éxitos, sumar tantos y ganar popularidad.

El país lo adora y sus adversarios le temen. Con eso le basta…Por ahora. Allá nos vemos.

La Habana, 23 de marzo de 2017


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