viernes, 17 de marzo de 2017

TRANSITAR POR EL CAMINO MAS LARGO

Jorge Gómez Barata

A diferencias de otras formaciones sociales que fueron fruto de la evolución histórica, el socialismo es una creación intelectual que, con la Revolución Bolchevique, de la cual se cumplen ahora cien años, adquirió entidad estatal y devino filosofía rectora de la historia, la propiedad, el derecho y toda la actividad social. El estado se transformó en demiurgo.

De un día para otro, por situaciones coyunturales, un enorme volumen de ideas y preceptos, ninguno de los cuales contaba con una apropiada elaboración conceptual ni habían sido corroborados por la práctica social, se convirtieron en directrices de un desmesurado proyecto que en medio de circunstancias extremadamente complejas y sin ningún consenso previo, se propuso construir una nueva sociedad a escala planetaria. 

Entre otras novedades aportadas por el modelo político adoptado por la Unión Soviética y exportado a los ex países socialistas, el estado fue reposicionado para convertirlo en propietario, administrador, planificador, banquero, comerciante y rector de toda la actividad económica y social. Así fue suprimida la diversidad social. Desde entonces, allí hubo un solo actor económico, una visión única y una sola voluntad. Al suprimirse la separación de los poderes públicos, desaparecieron los instrumentos reguladores y los mecanismos de control social.

De ese modo, el conjunto de la gestión social pasó a ser regida desde el nivel político, con criterios y objetivos políticos, lo cual fue particularmente grave en los sectores económicos, productivos, financieros y comerciales. Así aparecieron nuevas disciplinas como la Economía Política del Socialismo y se entronizaron nuevas categorías presuntamente científicas, muchas de las cuales eran improvisaciones, algunas inteligentes o ingeniosas, otras triviales y absurdas. Unas y otras fueron convertidas en dogmas.      

Aquel inmenso galimatías se enrareció de modo extremó debido a los problemas políticos surgidos al interior de la Unión Soviética donde, con la muerte de Lenin, se desarrolló una intensa lucha por el poder que culminó con el triunfo de Stalin y el nacimiento del estalinismo que, desde 1924 y hasta el colapso rigió a la Unión Soviética y desde allí, con muy pocas excepciones, al socialismo mundial.

El estalinismo, fue una forma arbitraria de ejercer el poder y la dirección de la sociedad, que se impuso de modo ilegitimo y contaminó todo el proceso llamado de “construcción del socialismo”, imponiendo caprichosamente, ideas, tesis, categorías y toda una doctrina sobre la cual no podía reflexionarse ni ejercer la crítica científica y mucho menos política.

Los resultados fueron dramáticamente visibles cuando, debido a fallos estructurales irreparables, después de setenta años de construcción socialista, en la Unión Soviética y otros cuarenta en Europa Oriental, aquel andamiaje se derrumbó. En lugar de avanzar hacia una nueva calidad, los países involucrados restauraron el régimen anterior. En resumen, se trató de una larga y sufrida transición del capitalismo al capitalismo.

 Entre las muchas razones que pueden ser aludidas para explicar ese suceso que cambió la geografía política del planeta predominó una: no era racional. Ese proceso tiene muchas aristas. Luego les cuento. 

La Habana, 16 de marzo de 2017


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