lunes, 3 de abril de 2017

AMERICA LATINA. OTRA FRACTURA

Jorge Gómez Barata

Cuando seis años atrás, en Caracas, en un ambiente de avenencia, cohesión política y fraternidad, treinta y tres jefes de estado o gobierno de igual número de países latinoamericanos y caribeños, fundaron la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC); nadie podía imaginar el escenario político de hoy, en el cual, más de la mitad de ellos, convocados por la OEA, de una u otra manera se sumaron a una conjura contra el mismo país y gobierno que entonces los acogió.

La idea de que tales países se someten a Washington, y de que un individuo desacreditado y mediocre como Luis Almagro puede arrastrar a un alto número de estados a confrontar a un país hermano, sin dejar de ser cierta no lo explica todo. El lamentable resultado de la más reciente reunión de la OEA forma parte de un proceso mayor y diverso, así como de circunstancias desafortunadas que han favorecido un retroceso político en la región.

A la muerte del presidente Hugo Chávez, cuyo liderazgo ejerció una influencia decisiva en los procesos integracionistas y en el clima político de la región, se sumaron los repliegues en Argentina, Brasil, Paraguay, el éxito electoral que permitió a la derecha venezolana controlar el poder legislativo, algunas señales negativas en Bolivia, y las tensiones que en Ecuador dividen al país. 

A los nuevos factores se añade el relanzamiento de antiguos diferendos, conflictos, y tendencias en torno a reclamaciones territoriales, límites fronterizos, y apelaciones a tribunales internacionales. Entre los más preocupantes figuran las reiteradas confrontaciones entre Chile y Bolivia. El armamentismo, el militarismo, y la instalación de bases militares extranjeras en una región proclamada como zona de paz, es preocupante.

Es imposible desconocer que, como resultado de una compleja combinación de factores internos y externos, circunstanciales y estructurales, Venezuela atraviesa por una difícil coyuntura, y necesita la asistencia y la solidaridad continental para contribuir a encauzar el proceso político que allí tiene lugar.

Así lo comprenden diversos gobiernos, organizaciones, y personalidades, entre ellas El Vaticano, los expresidentes de España, Panamá y República Dominicana, y los secretarios generales de CELAC, Ernesto Samper y David Choquehuanca, que trabajan con el gobierno y la oposición venezolanas para explorar opciones que permitan sanear la situación política interna.

Esa actitud contrasta con la del señor Luis Almagro, que desligándose de la posición de factor de equilibrio que corresponde al Secretario General de la OEA, no considera otra alternativa que procurar la aplicación de la llamada Carta Democrática, y a la imposición de sanciones a Venezuela, gestión que, aunque infructuosa, es apoyada por Estados Unidos, que cuenta con una enorme capacidad de presión. 

No obstante, tal como comenta el profesor Jesús Arboleya, la OEA es el instrumento de Estados Unidos para amparar institucionalmente sus políticas hemisféricas, por lo cual la desestabilización de la organización y el riesgo de que se fracture y se desacredite aún más puede no convenir a Washington. Presionar a Venezuela es una cosa y arriesgarse a que ese país y otros salgan de la organización es una situación extrema, que tal vez el imperio no favorezca. Quizás Almagro exagera su servilismo.

 Con razón algunos observadores comparan la actuación de la OEA respecto a Venezuela desde que en 2015 Luis Almagro accedió a la secretaria general de la organización, con la conducta que en 1962 llevó a la separación de Cuba del foro regional. No obstante, aunque existen similitudes obvias, la actitud de hoy parece políticamente más abyecta e injustificada. Lo que parecía imposible ha ocurrido. Para mal la OEA se ha superado a sí misma. 

De lo que se trata para la izquierda regional es maniobrar y frenar el retroceso político, retomar la iniciativa estratégica, y diseñar eficaces medidas de solidaridad con Venezuela. En cualquier caso, es preciso evitar que la fractura de la solidaridad continental alcanzada se ahonde y cunda la división. La tarea es difícil, mas no imposible. Allá nos vemos.

La Habana, 01 de abril de 2017

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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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