martes, 11 de abril de 2017

EU.- PENTAGONO.- EL DESASTROSO ATAQUE A LA BASE SIRIA

Por Dr. Néstor García Iturbe

“La sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes,
luchar contra el imperialismo donde quiera que esté”
Che

El ataque a la base siria de al-Shayrat, en Homs, ordenado por el presidente Donald Trump, tiene distinta posibilidades de análisis, algunas de ellas políticas, otras  militares e inclusive el relacionado con la economía de Estados Unidos.

La variante política nos muestra un cambio radical en la posición hacia Siria, de haber dicho que ya no tendrían como objetivo el derrocamiento de Assad, a plantear que es necesario derrocarlo por todos los medios.

¿Pudiera alguien pensar que Assad estuviera interesado en  provocado ese cambio de opinión? ¿O que algunas fuerzas contrarias al gobierno Sirio, con la esperanza de mantener el conflicto, realizaran el ataque y trasladaran la información tergiversada al gobierno estadounidenses para provocar esta reacción?

Aquí es necesario al análisis, adicionar la lógica.

La información sobre el ataque con armas químicas a distintos lugares de la provincia de Idlib y el atribuirlo al ejército sirio, según el Senador por Virginia, Richard Black llegó al gobierno estadounidense por la vía de los White Helmes, organización que apoya a los  terroristas de Al-Qaeda. Esta información no se verificó ni comprobó con otra fuentes independientes para tratar de conocer el verdadero responsable de lo sucedido.

Seguramente, los que le dieron la información y le propusieron a Trump  la acción a realizar, tenían la plena seguridad de que el inexperto presidente aceptaría lo propuesto sin hacer verificación alguna.

Es evidente que la decisión por ordenar el ataque, sin comprobación previa,  se tomó por parte de Trump para dar muestras de ser un “hombre fuerte”, “defensor de los intereses y la Seguridad Nacional de Estados Unidos”, además. para poder mostrar a su huésped en aquellos momentos, Xi Jimping, lo que es capaz de hacer si se presentara una situación con Corea del Norte. La acción lo separa de los Rusos que mantienen su apoyo al gobierno de Assad, lo cual pudiera calmar un poco las acusaciones que le han hecho por el resultado electoral y por haber planteado debe cambiarse la política hacia ese país.

Esta ha sido una acción aceptada por la mayoría de los que lo critican, tanto republicanos como demócratas, incluyendo a su ex rival, Hillary Clinton. La gran prensa se ha dedicado a informar, no a disentir.  Los únicos que se han manifestado en contra, son las organizaciones que luchan por el desarme y porque Estados Unidos  salga de las guerras en que está involucrado.

Según una encuesta realizada por el periódico Washington Post (la cual veo con reserva, como todas la encuestas) el apoyo a Trump por la medida tomada llegó al 52 por ciento.

La acción militar también tiene  aspectos que merecen un análisis objetivo y profundo. En la misma se utilizó el misil “Tomahawk”, de los cuales, según la información publicada, se lanzaron 59, desde dos buques de guerra estadounidenses que estaban en el Mar Mediterráneo, los acorazados USS Ross y el USS Porter.

El misil “Tomahawk” utilizado en la operación fue el BGM-109C. con cabeza de guerra convencional, que lleva explosivo no nuclear, pues el  que lleva explosivo nuclear es el BGM-109A. Aunque este tipo de misil lo han producido varias empresas, es ahora la Raytheon quien lo fabrica.  El costo de cada misil a las fuerzas armadas de Estados Unidos, es de 1 millón 450,000 dólares.  Durante la Guerra del Golfo se lanzaron 288 misiles Tomahawk, contra Libia se lanzaron110, además han sido empleados en Afganistán, Sudán, Irak, Bosnia, y Serbia.

Mide  6,25 metros de largo  y tiene un peso de 1.500 kilos, es descrito como un misil ‘todo-clima’, pues logra mantener su curso y su velocidad subsónica, de 880 kilómetros por hora, sin importar las condiciones meteorológicas en su camino. Su capacidad para volar a poca altura lo hace ideal para eludir sistemas de radar terrestre. Su alcance máximo es de 1,600 kilómetros y el margen de error es menor de diez metros al centro del blanco. Es portador de una cabeza que contiene de 450 kilogramos de explosivo convencional de alta potencia, denominado WDU-25/B  capaz de demoler todo lo que exista en un radio de 25 metros del lugar donde caiga.

El “Tomahawk” es un misil tipo crucero, con alas y sistema de propulsión que le permite un vuelo sostenido, está  provisto de  un enlace satelital que permite reprogramar su curso en pleno vuelo, a diferencia de los misiles balísticos, que siguen una trayectoria parabólica trazada desde su lanzamiento. Los del tipo Bloque III, que entraron en servicio en 1993, tienen un mayor alcance y usan el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) para aumentar su precisión. Los de clase Bloque IV tienen un mejor DSMAC (Digital Scene Matching Area Correlator, un sistema para la correlación del terreno con imágenes digitales previas) y unos motores turbo mejorados.  Puede enviar datos sobre su estado operativo, posición, altitud y velocidad.  La Marina de Estados Unidos empezó a usar esta nueva característica del misil a finales de 2004.

Cuando falla, el GPS  el misil puede impactar a  cientos de kilómetros;  eso sucedió con los  Tomahawk que  se lanzaron contra  Irak en el  2003 y  acabaron en Arabia Saudita e Irán.

Analicemos ahora la operación, después de conocer estos datos.

Evidentemente el mando estadounidense seleccionó este tipo de misil por considerarlo el más adecuado y seguro para la operación a efectuar. El objetivo era que el aeropuerto no pudiera funcionar en un buen tiempo, dañar la mayor cantidad de aviones posibles y destruir sus instalaciones, incluyendo la pista del mismo. Según parece los daños causados fueron mínimos, murieron cerca diez militares sirios, seis aviones que estaban en reparación fueron destruidos y a las tres hora del ataque algunos aviones ya estaban despegando en  la pista. De los 59 misiles, solo 23 llegaron a la base.

Para la operación no era necesario lanzar 59 misiles Tomahawk, tomando en consideración la potencia explosiva que estos tienen, podían haber cumplido la misión con 10 de estos.  Cada misil cuesta al contribuyente estadounidense 1,450,000 dólares, por lo que en vez de costar 85,550,000 dólares, hubiera costado 14,500,000 dólares. ¿De quién es la responsabilidad de haber utilizado una cantidad excesiva de misiles y aumentar el costo de la operación? ¿Alguien se lo explicará a los contribuyentes?

El misil, que según el fabricante, tiene un margen de error  de diez metros medidos a partir del centro del blanco, no se comportó de esa forma, al parecer, como ha sucedido anteriormente, varios tuvieron problema con el GPS y cayeron a cientos de kilómetros, sobre la población civil.  Este defecto de fabricación ha costado la vida y herido a decenas de civiles. ¿Quién compensará a esas familias? ¿Reclamará el gobierno de Estados Unidos a la Raytheon, al menos el costo de los productos defectuosos que le vendieron? ¿Sacarán los misiles Tomahawk del arsenal estadounidense por no tener confianza en la utilización de los mismos?

Quizás esta operación sea utilizada por Trump y los estrategas del Pentágono para justificar el aumento solicitado al presupuesto del Departamento de Defensa, con el fin de “modernizar el armamento con que cuentan las fuerzas armadas estadounidenses”

Aunque el aumento del presupuesto es algo que se reflejará en la economía de la nación , en específico en las empresas del Complejo Militar Industrial, no es necesario esperar a que el Congreso apruebe lo solicitado para comenzar a recibir beneficios.

El clima de guerra invadió Wall Street. Como consecuencia del ataque a la base, las acciones de la empresa Raytheon , el día 7 de abril, a pesar de los defectos de los misiles que fabrica, subieron en el 1.72 por ciento. Seguramente han continuado subiendo.   Debe considerarse que para reponer los misiles lanzados, será necesario hacerle una compra esta empresa por un total  de 85,550,000 dólares, si es que el precio no ha subido.

Los tambores de la guerra se han reflejado en otras empresas del Complejo Militar Industrial, cuyas acciones también están subiendo de precio en la Bolsa de Valores de Nueva York, el propio día 7 de abril subieron las de  la multinacional Boeing (0,83%), Lockheed Martin (1,17%) o Northrop Grumman (0,90%), entre otros.

El desastroso ataque, que no cumplió con sus objetivos, se ha convertido en una bendición para Wall Street, donde nuevamente se está hablando de guerra. Trump también, al parecer ha salido beneficiado y a partir de ahora debe encontrar más apoyo en la clase dominante.

El ciudadano estadounidense, si acaso, recibirá migajas, porque el gran capital continuará llenándose los bolsillos  sin importarle la situación económica del resto de la población, que en todo caso, será quien vaya a la guerra.

La Habana, 10 de abril del 2017

GRUPO EL HERALDO  sarahnes@cubarte.cult.cu

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