viernes, 28 de abril de 2017

LA GUERRA AYER Y HOY

Jorge Gómez Barata

La Primera Guerra Mundial fue el último de los grandes conflictos por conquistas territoriales, y la Guerra de Corea la primera por razones ideológicas.

El pueblo y el congreso norteamericano, que no perdonaron al presidente Woodrow Wilson por involucrar a Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial y perder a 126. 000 hombres, aplaudieron a Harry Truman por enviar las tropas a Corea, y asumieron los 54.000 estadounidenses muertos allí como una contribución a la defensa del “mundo libre”.

Aunque existe la presunción de que parte de la población de Estados Unidos es proclive a admirar a los gobernantes fuertes, y hay evidencias de que ante amenazas a la seguridad nacional o acciones decisivas cierran filas junto a sus gobernantes, como fueron los casos  de Harry Truman y George W Bush, que debido al lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón y los sucesos del 11-S alcanzaron los más altos índices de popularidad; es dudoso que apoyen aventuras que conllevan riesgos inaceptables, como es sufrir un ataque nuclear.

Ante la posibilidad de una nueva guerra entre Estados Unidos y Corea del Norte, es preciso observar que, aunque se trata de los mismos adversarios de los años cincuenta, no concurren los argumentos que ambos enarbolaron entonces. Para Estados Unidos se trataba de aplicar la “Doctrina Truman”, y contener la expansión del comunismo, y para Corea del Norte era la intención de reunificar el país, elementos que hoy no están presentes.

Por otra parte, aunque se acepta que en 1950 Corea del Norte se involucró en el conflicto armado sin la anuencia de los líderes de la Unión Soviética y la República Popular China, en las condiciones de la Guerra Fría aquellas potencias se sintieron obligadas a dar apoyo político a Kim Il Sung, y brindarle asistencia militar, tal situación no existe hoy. Pese a sus posiciones ante Estados Unidos, ninguna de esas potencias acompaña a Corea del Norte. 

Una de las paradojas de la confrontación que hoy amenaza al mundo, es la falta de identidad y claridad en las motivaciones y los propósitos. Para Estados Unidos no concurre el argumento de detener la expansión del comunismo, peligro que dejó de existir, y tampoco se trata de competir con China o Rusia por el control de la región, mientras que para Corea del Norte no está presente el argumento de la reunificación, que en las presentes circunstancias no solo no es viable, sino que únicamente tendría sentido por medios pacíficos. 

En la medida en que la civilización avanza, a pesar de fuerzas como las del llamado complejo militar industrial y los comerciantes de armas de las potencias que lucran con los conflictos, las guerras tienen cada vez menos sentido, y son obviamente impopulares.   

En el caso de Corea del Norte, se trata de un país que asume los riesgos de ser eje de un holocausto al cual no podrá sobrevivir, y en el que se expone a la inmolación de su propio pueblo. Ojalá prevalezcan el pragmatismo que invita a salvar aquello que se ha alcanzado, y la sensatez para escoger las batallas. Insisto: “Guerra evitada es guerra ganada”. Allá nos vemos.

La Habana, 27 de abril de 2017


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