martes, 23 de mayo de 2017

COREA. EL DÍA DESPUÉS

Jorge Gómez Barata

El momento más oscuro es el que precede al amanecer, y en cualquier crisis la agudización aproxima el desenlace. Es lo que ocurre en Corea, donde parece haberse llegado a una situación extrema, en la cual se precisan definiciones que ocurrirán a corto plazo. Hoy mismo, martes 23 de mayo, el Consejo de Seguridad de la ONU examinará el caso.

En la sede de Naciones Unidas en Nueva York pueden ocurrir dos cosas: (1) Corea del Norte es culpada como provocadora y nuevamente sancionada, para lo cual se necesita la unanimidad de los cinco miembros permanentes. (2) China o Rusia, o ambas, se abstienen o votan en contra, y Corea es absuelta. Ninguna de las dos decisiones conjurará la crisis, que solo puede ser resuelta mediante la negociación o la guerra.

 De ocurrir lo primero, se ratificará lo que todo el mundo sabe: Corea del Norte está sola, por su cuenta y sin aliados que la respalden, lo que es para ella una situación inédita, pues en toda su historia contó con el apoyo político y el respaldo material de la Unión Soviética y China, y en las últimas décadas, la comprensión de Rusia. 

Ese respaldo le permitió superar el difícil momento de la Guerra de Corea cuando fue asistida por la República Popular China, entonces gobernada por Mao Zedong, que intervino con un contingente que se afirma pudo llegar al millón de efectivos, haciendo retroceder a las tropas norteamericanas que habían avanzado en la profundidad del territorio norcoreano hasta la frontera con China. En esa hora tuvo además el respaldo de la Unión Soviética regida por Stalin. Estas dos potencias alentaron las negociaciones que condujeron al armisticio.

La desaparición de la Unión Soviética y los cambios operados en la proyección externa de China, países que en su momento apoyaron el desarrollo de su industria nuclear con fines civiles, ha modificado el entorno político, y conducido a la República Popular Democrática de Corea a un aislamiento que, sin embargo, no la ha hecho más flexible.

En respuesta a nuevas sanciones, Corea del Norte pudiera reaccionar escalando la situación mediante un ensayo nuclear o nuevas pruebas de misiles. También, en caso de recibir ofertas interesantes, puede acceder al diálogo.

Al forzar los limites Corea del Norte no solo pone a prueba a Estados Unidos, que responde por la defensa de Corea del Sur y Japón, sino también a China y Rusia, que no están interesadas en una confrontación militar que sería catastrófica. Tal vez la jerarquía norcoreana maniobra para llegar a un status en que pueda negociar desde una posición de fuerza. De cualquier manera, la apuesta es sumamente arriesgada, y puede tener incidencias globales.

Si bien Corea del Norte puede hacerle daño a Estados Unidos, no puede derrotarlo, y las probabilidades de que China y Rusia, contra su voluntad se dejen arrastrar a una situación que ponga en peligro su seguridad, es impensable.

Resistir al imperio es una cosa, retarlo otra, y vencerlo, por ahora una quimera. De todos modos, el vaso sigue medio lleno, lo cual significa que está también medio vacío, y el desenlace es inminente. Allá nos vemos.

La Habana, 23 de mayo de 2017


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