jueves, 18 de mayo de 2017

EL SALVADOR: POLICÍA COMUNITARIA Y JÓVENES

José Chencho Alas

Históricamente El Salvador ha sido un país muy violento. El año 1932 tuvimos la masacre de 30,000 aborígenes a manos del ejército y de la guardia nacional ordenada por el general Maximiliano Martínez que luego se convirtió en presidente del país. A partir de entonces la dictadura militar se estableció por 50 años caracterizados por sucesivas masacres. En la década de 1980 estalló la guerra que duró por 12 años con un saldo de 80,000 muertos. Los Acuerdos de Paz se firmaron en enero de 1992 y de inmediato los Estados Unidos comenzaron a repatriar pandilleros salvadoreños que llenaban las cárceles de California. Este fue el inicio de la guerra en nuestras calles, particularmente entre los jóvenes.

Los siguientes 20 años tuvimos en el poder a la oligarquía salvadoreña que cerró los ojos y permitió el crecimiento de las pandillas por motivos políticos. Cada vez que teníamos elecciones le prometían al pueblo que le iban a poner un alto a la violencia, que votaran por ellos. El año 2009 ganaron las elecciones los representantes de la izquierda, del FMLN, pero para entonces el mal estaba hecho, las pandillas controlaban territorios del país, imponían impuestos a la población y mataban y mataban no solo civiles sino también policías, 58 el año pasado.

Fue solo hasta marzo del 2016 y después de manifestaciones de poder político de la famosa pandilla MS-13 y de la Barrio 18, que las diferentes fuerzas vivas del país decidieron poner un alto al crimen creando un plan titulado El Salvador Seguro. El gobierno, la sociedad civil, muchas de las iglesias y ONGs. participan en este plan. El resultado que se está teniendo es patente. El crimen ha bajado de 23% a un 8.2%, pero queda la pregunta si se podrá sostener. El plan está basado en medidas preventivas sociales, educación de jóvenes, creación de microempresas y persecución violenta del crimen.

Es en este ambiente que hemos comenzado a trabajar facilitando talleres de paz a la policía comunitaria, a jóvenes y a dirigentes de comunidades. Hemos elegido el departamento de Cabañas, El Salvador, uno de los más pequeños, formado por nueve municipalidades siendo la capital la ciudad de Sensuntepeque. Cuenta con una población cercana a los 150 habitantes.      

El concepto de policía comunitaria es relativamente nuevo; poco a poco se va extendiendo en los países latinoamericanos. Toma como punto de partida las necesidades e intereses de las comunidades locales tanto en la prevención del delito, como su persecución y el crecimiento integral de sus habitantes. El trabajo mutuo está basado en la confianza que genera un ambiente de comunicación y de apoyo no solo en relación con la denuncia del crimen y sus perpetradores sino el anuncio de proyectos de beneficio común. El propósito último es lograr la convivencia comunitaria en seguridad, armonía y paz. La función que realiza así el policía es de constructor de paz, valor que le permite elevar su auto estima, si se reconoce como tal.

Nuestros talleres tienen tres objetivos: 1) darles un instrumento metodológico que genere confianza, relaciones positivas; 2) capacitar en técnicas de organización de grupos y de redes; y 3) trabajar en proyectos que faciliten la interacción de la policía con las comunidades y sus respectivas organizaciones.

Respecto al instrumento metodológico estamos educando en el manejo de la investigación apreciativa (IA). La primera fase de la IA, el descubrimiento de lo positivo existente a nivel individual, en una comunidad, organización o institución es fundamental. Nos permite descubrir aquello que ya se tiene, que sirve de base para crear una visión poderosa que puesta en práctica en proyectos nos da un destino de crecimiento humano y de bienestar material.

La creación de una visión y sus proyectos no se puede lograr si no estamos organizados. La finalidad que tenemos es facilitar talleres en cada una de las municipalidades y luego formar una red departamental formada por policías comunitarios, por jóvenes y líderes de las comunidades.

En el primer taller que dimos el 2 de Mayo tuvimos la participación de 17 jóvenes de educación media y líderes de varias comunidades y 12 miembros de la policía comunitaria. El proyecto que elegimos fue la siembra de árboles. Fue una experiencia muy bella que nos unió a todos. Comenzamos con un vivero de moringa, un árbol considerado maravilloso por sus propiedades de curar 300 enfermedades según los estudios que han hecho algunas universidades y la voz popular. Este árbol es originario de la India y se ha extendido su cultivo en varias regiones tropicales y semi-tropicales del planeta. En la India se comenzó a usar las semillas y las hojas hace más de 3,000 años.

Tenemos el apoyo incondicional del comisionado departamental de la policía y los jefes subalternos, lo mismo que el apoyo de los centros de educación secundaria. Nuestro trabajo lo consideramos algo nuevo, en el sentido que no comenzamos enumerando problemas sino lo que ya se tiene en manos que necesita hacerlo crecer para que dé más frutos. La relación policías-jóvenes es fundamental para la paz.

Nuestro trabajo con la policía comunitaria y los jóvenes es ecológico. Para evitar el uso de bolsas plásticas hicimos cestas de pencas de banana, lo cual resultó un verdadero éxito. Le dimos a cada participante una semilla de moringa, le pedimos que le pusiera su nombre declarándolo su hermanito o hermanita y comprometiéndose a cuidarlo y trasplantarlo en el mejor lugar del patio.


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