viernes, 26 de mayo de 2017

EPISODIOS DE LA GUERRA FRIA

Jorge Gómez Barata

Aunque impresionó más por su firmeza e intransigencia que por sus dotes intelectuales, afianzó su poder en la capacidad para suprimir a sus adversarios y camaradas y no en la habilidad para elaborar consensos y es recordado más por sus defectos y errores que por virtudes y aciertos, Stalin fue uno de los grandes estadistas del siglo XX que condujo a la Unión Soviética por difíciles derroteros y compartió con Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill, el diseño del mundo de posguerra, en particular la concepción y edificación de la ONU.

La Organización de Naciones Unidas fue el escenario donde la Unión Soviética desplegó su protagonismo internacional y su influencia para, mediante el veto, paralizar las acciones en su contra y proteger a sus aliados, no obstante, allí adoptó comportamientos políticos que desmintieron la imagen que quería ofrecer de sí misma. La primera de las actitudes consideradas fallidas fue adoptada el 29 de noviembre de 1947, cuando votó a favor de la partición de Palestina, que dio lugar a la fundación del estado de Israel.

El 25 de junio de 1950, después de haber ejercido el veto en más de cien ocasiones y cuando la República Popular Democrática de Corea fue acusada en el Consejo de Seguridad de la ONU de agresión a Corea del Sur, el delegado soviético, que pudo haber ejercido el veto, se ausentó dando vía libre a la aprobación de la Resolución 82 por la cual Corea del Norte fue condenada. De ese modo se proporcionó la base jurídica a la Guerra de Corea, librada por tropas de Estados Unidos bajo la bandera y por mandato de la ONU.

El apoyo a la partición de Palestina y a la fundación de un estado judío, se ha atribuido a una evaluación errónea del hecho de que el sionismo fue originalmente una concepción filo socialista y a que la mayoría de los fundadores de Israel eran eslavos o descendientes de rusos y ucranianos, que podían inclinarse hacia la opción soviética. No ocurrió así y, en lugar de clavar una “pica en Flandes”, la Unión Soviética contribuyó al desquiciamiento del Medio Oriente. Por cierto, por razones que no he logrado dilucidar, la delegación cubana votó en contra de la partición.   

Respecto a la inexplicable ausencia del delegado soviético en el debate en el cual Corea del Norte fue condenada, existe la versión de que se trató de una maniobra de Stalin que, de ese modo, a la vez que se mantuvo oficialmente al margen del conflicto, atrajo a Estados Unidos a una trampa que lo involucró en una guerra que implicó a China y hasta hoy lo compromete.

Según se afirma, Mao Zedong, que no estimuló a Kim Il Sung, tampoco lo frenó, utilizó el incidente para calibrar la disposición de Estados Unidos de implicarse en un conflicto de grandes dimensiones en Asia y calcular sus opciones en un intento de recuperar por vía militar a Taiwán, de lo cual se abstuvo al apreciar la reacción de Truman en Corea.

Es difícil dilucidar los detalles y establecer la verdad sobre negociaciones y decisiones políticas que se efectuaron en secreto, acerca de las cuales no se realizaron debates parlamentarios ni decisiones colegiadas y sobre las que no existen documentos que puedan ser desclasificados. Por añadidura, todos los protagonistas están muertos.

Fueron episodios de la Guerra Fría. Existen otros. Averiguaré y les contaré. Allá nos vemos.

La Habana, 25 de mayo de 2017


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