sábado, 13 de mayo de 2017

GIROS AL TIMÓN

Jorge Gómez Barata

En Nicaragua y Ecuador ganaron las elecciones presidenciales los candidatos progresistas, en Francia el centro derrotó a la derecha, y en Corea del Sur, en un momento decisivo, emergió triunfador un liberal, partidario de la distensión y la reconciliación con Corea del Norte. Puede ser que el mundo haya recuperado la cordura. ¡Que para bien sea!

De momento, en América Latina se frena la ofensiva de la derecha, que, envalentonada por los éxitos en Paraguay, Argentina y Brasil, y parcialmente en Venezuela, amenaza con una restauración a escala hemisférica, y con revertir los avances, no solo políticos sino económicos y sociales alcanzados en los últimos años.   

Como se evidencia en Brasil y Argentina, a la derecha visceralmente oligárquica, no le basta con el poder, sino que necesita borrar todo lo que recuerde la obra social de la izquierda. No se conforma con volver a gobernar, sino que aspira a vengarse de quienes osaron invocar un nuevo modo de instalar la justicia social. La persecución judicial a Lula y Cristina Kirchner son botones de muestra. 

La victoria de Emmanuel Macron, el presidente más joven en la historia de Francia, que derrotó convincentemente a la ultraderecha, puso pausa a las tendencias disolventes que, tanto desde el conservadurismo militante como desde la izquierda errática, llevan sus justificadas críticas a la Unión Europea, al extremo de abogar por la disolución de la alianza, colocándose del lado equivocado de la historia.

Aunque con actitudes críticas a algunas formas de vivir el europeísmo y a enfoques neoliberales, Macron se integra a quienes prefieren la unidad defectuosa al retorno a etapas trascendidas. La posición respecto a los emigrantes, si bien no promueve innovaciones de fondo, es menos errada e inhumana que la de otros candidatos. Para algunos se trata apenas del vaso medio lleno, lo cual es cierto, aunque otras alternativas eran peores.

La guinda del pastel proviene de Corea del Sur, donde las tendencias políticas conservadoras permitieron la profundización de la corrupción política que llevó a la destitución de la presidenta Park Geun-hye. La coincidencia de estos procesos internos con momentos en que las contradicciones entre Estados Unidos y Corea del Norte se han recrudecido, han agravado las tensiones que amenazan la seguridad de la región e incluso la paz mundial.

Por lo pronto, el presidente Moon Jae-in, hijo de refugiados de Corea del Norte y abogado de derechos humanos, además de poner orden en la política doméstica, puede ser un factor estabilizador en el contencioso entre Estados Unidos y Corea del Norte, y avanzar hacia fórmulas de avenencia con sus coterráneos, como ya lo hizo con anterioridad durante el gobierno de Roh Moo-hyun.

Con toda probabilidad, una política que excluya las tensiones que afectan la seguridad de la zona, y preocupan a todos los actores de la región económicamente más dinámica y próspera del planeta, será apoyada por China, Japón y Rusia.

Ante tal escenario, a Estados Unidos no le quedan muchas opciones. Trump se ha mostrado dispuesto a reunirse con Kim Jong-un, y el nuevo presidente surcoreano no tiene reparos en viajar a Pyongyang. Se imaginan una cumbre así. Es para vender las entradas. Allá nos vemos.

La Habana, 13 de mayo de 2017

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 *Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente   


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