domingo, 7 de mayo de 2017

PRUEBAS O DEMOSTRACIONES

Jorge Gómez Barata

Las armas nucleares, los misiles, los torpedos y los proyectiles, son artículos industriales, mientras más avanzados más destructivos y caros. Se trata de ingenios capaces de concentrar enormes capacidades de destrucción en reducidos espacios, facilitando su empleo a grandes distancias. En los cohetes y torpedos se incluyen velocidad y precisión, y en los proyectiles las posibilidades de penetración. Por la otra orilla avanzan blindajes, radares, y escudos antimisiles.  

Los artefactos atómicos se fabrican con complejas aleaciones metalúrgicas, electrónica, facilidades de comunicación, aplicaciones cibernéticas y digitales avanzadas, así como originales combinaciones químicas, todo lo cual genera elevadísimos costos. En los años sesenta se atribuyó al primer ministro chino Zhou Enlai haber dicho que: “Iremos sin pantalones, pero tendremos nuestra bomba…” Cierta o no, la expresión ilustra el enorme esfuerzo económico que implica construir armas nucleares. 

Las grandes potencias, que demandan los armamentos más sofisticados en mayores cantidades, son también las grandes exportadoras de armas, con lo cual obtienen beneficios comerciales y, de cierta manera, equilibran sus costos. En esta rama las más caras son las bombas atómicas, cuya comercialización está prohibida. La industria privada de armamentos se beneficia con los encargos gubernamentales, y aprovecha las “tecnologías duales” para dar usos civiles a muchas de las creaciones asociadas las esferas militares.

La industria militar tiene en contra el hecho de que las bombas, las armas, los torpedos y los proyectiles, así como los aviones y carros de combate, se diseñan y fabrican en secreto, lo cual impide la transferencia de tecnologías. Un elemento que encarece la rama nuclear es que las bombas y los misiles se destruyen durante las pruebas, y no son reutilizables. La esfera espacial avanzó en esa área con la introducción de los transbordadores, y están en fase de diseño y prueba cohetes portadores y naves de carga reutilizables.

Por otra parte, si bien durante ciertas etapas de la investigación y/o fabricación de tales artefactos son eficaces las pruebas de laboratorio y el empleo de simuladores, llega el momento en que es preciso utilizar polígonos de prueba. En el caso de los misiles, que requieren grandes distancias, es preciso rebasar las fronteras nacionales.

Por ejemplo, en el territorio de los Estados Unidos las mayores distancias en línea recta son entre Seattle y Miami 4.400 kilómetros, o entre Maine y San Francisco con 4 392 kilómetros. También Rusia y China tienen límites, pero es más difícil para Corea del Norte, donde el mayor trecho en línea recta apenas alcanza los 500 kilómetros.

Desde 1945 se han registrado unas 2.050 pruebas nucleares. A pesar del Tratado de No Proliferación, de los acuerdos para la reducción de los armamentos atómicos, y de la prohibición de las pruebas nucleares, existen en el mundo unas 15 600 ojivas nucleares, aproximadamente 3.600 listas para ser utilizadas.  

En realidad, muchas de las llamadas “pruebas o ensayos atómicos” han sido demostraciones de fuerza, la inmensa mayoría de ellas ocurridas durante la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se esforzaban por mostrar sus músculos para establecer un equilibrio, no solo de las armas, sino del miedo. Un día, cuando haya espacio y tiempo, les contaré la verdad sobre la paridad nuclear y coheteril. Por ahora, allá nos vemos.

La Habana, 06 de mayo de 2017


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