martes, 2 de mayo de 2017

VIVA VENEZUELA SOBERANA Y LIBRE DE LA OEA

Por Manuel E. Yepe

La decisión venezolana de retirarse de la Organización de Estados Americanos (OEA) confirmó un designio experimentado ya por varios gobiernos de América Latina y el Caribe: Ningún Estado de la región que aspire al ejercicio de su independencia y soberanía puede ejercerlas plenamente mientras exista este tribunal de inquisición instaurado para garantizar el sometimiento y obediencia a la metrópoli que Washington exige.

Las naciones latinoamericanas y del Caribe cuentan ya con una Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños(CELAC) en la que pueden actuar como iguales sin imposiciones de Estados Unidos que no forma parte de la organización por decisión expresa de sus miembros, al ser constituida.

Aunque nadie puede asegurar que por ello la superpotencia cese sus empeños por reconstruir su imperio, hace tiempo que la experiencia cubana demostró que es posible a cualquier nación del hemisferio sobrevivir sin la venia de Estados Unidos, siempre que cuente con el apoyo de sus ciudadanos y la solidaridad de otros pueblos y naciones que, en aras de su propia seguridad, estén dispuestos a  compartir riesgos y defensa en calidad de iguales.

A partir del triunfo de la revolución cubana, América Latina ha sido más libre y esa libertad se ha extendido a otras naciones en las que se han dado condiciones para que sus pueblos hayan podido imponer democráticamente, en las urnas, su voluntad de justicia y progreso.

Pero, comoquiera que el sistema capitalista ha mantenido su vigencia, incluso en estos países que han logrado tener gobiernos progresistas y populares, se han configurado escenarios en los que la posesión de dinero, y no de virtudes, es lo que prima en las relaciones cotidianas de poder. Los nuevos gobiernos impuestos por la voluntad popular han carecido muchas veces de los recursos para regir a sus naciones de la manera más justa y los remanentes de las oligarquías nacionales, directamente conectadas con el capital internacional –por subordinación o  por comunidad de intereses- disponen de más recursos que los gobiernos.

De ahí que los gobiernos de orientación progresista y anti-capitalista, como el venezolano, se hayan visto en situaciones de inferioridad respecto al control de sus economías y el favor de los medios de comunicación, factores de los que se han valido las fuerzas contrarrevolucionarias en su hostilidad contra el pueblo.

Como regla, de ellos se ha valido Estados Unidos, para fijar la orientación principal de los medios de prensa, desestabilizar las haciendas nacionales de estas naciones y mantener siempre en jaque la estabilidad de sus economías y sociedades.

Los pueblos latinoamericanos y caribeños -cada uno y en su  conjunto- han tenido como principal obstáculo para sus esfuerzos unitarios desde hace 65 años a la Organización de Estados Americanos, que ha fungido siempre como administrador del sistema semicolonial de Estados Unidos que Washington creó como alternativa para el sistema colonial que tanto había combatido retóricamente en su puja contra Europa por la hegemonía global.

Las evidencias son tan claras que no es lícito caer en la trampa de analizar en sus detalles el desarrollo del conflicto que ha llevado a Venezuela a separarse de la OEA.

La OEA ha sido siempre el instrumento colectivo principal de Estados Unidos para legitimar sus acciones contra las naciones y los pueblos de América. En su seno jamás prosperaría reclamación alguna, colectiva o individual, que lesione siquiera mínimamente un interés oligárquico o imperialista. Jamás ha estado de parte de los pueblos en casos de violaciones de la democracia y los derechos humanos… siempre han respaldado al imperio y sus oligarquías.

Cuando la región ha sido víctima de intervención o agresión política, económica y militar en la que el ejecutor ha sido una potencia extra continental distinta a Estados Unidos, como fue el caso de Gran Bretaña respecto a la posesión de las islas Malvinas, la OEA, manipulada por Washington, respaldó a la corona británica.

Ahora se ha hecho aparente que, por incapacidad manifiesta, por bochornoso soborno u otra forma de degradación moral, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha asumido la agenda de la CIA en su guerra contra la revolución bolivariana.

Para algunos especialistas, Washington se ha lanzado a fondo a tratar de recuperar su valiosísima semicolonia de Venezuela. A ese fin ha sacrificado a uno de sus más servibles emisarios encubiertos, el uruguayo Luis Almagro, cuya ubicación al frente de la cancillería de Montevideo, en estudiada ruta para llegar a situarse al frente de su ministerio de colonias (la OEA) debe haber sido fruto de complejas jugadas de alta política que algún día se conocerán.

La Habana, Mayo 2 de 2017

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.


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