viernes, 2 de junio de 2017

El Pontífice y el Emperador

Por José Chencho Alas

El 24 de mayo a las 8:30 de la mañana, el Emperador Trump le daba la mano al Papa Francisco en el Vaticano. Los ojos del mundo entero estaban pendientes de la reunión que los dos iban a tener y sobre todo de los resultados de ese encuentro.  El Papa representa la fe de 1.2 billones de personas y Trump a un país de 325 millones, políticamente muy dividido. Dos personalidades profundamente diferentes: Trump se considera el centro del universo, el Papa el servidor no solo de los cristianos sino de todos los necesitados de la tierra.

La actitud previa del Papa al encuentro con Trump era de humildad. Pocos días antes de la reunión había afirmado que no lo iba a prejuzgar o buscar convertirlo políticamente. Al contrario, iba a tratar de encontrar áreas en las que concordaran. Dijo: “Siempre hay puertas que no están cerradas. Pon tu mirada en esas puertas que están un poco abiertas, entra y habla de cosas que te son comunes y vete. Paso a paso”. Lo que el Papa enuncia es un principio de pastoral. Primero es el respeto a la libertad de la persona y luego encontrar caminos que conducen a un fin común.

Francisco le entregó a Trump cuatro documentos con la esperanza de que se tomara el tiempo para leerlos. En esos escritos se encuentra el mensaje que le daba, mensajes que exigen un cambio de mente y de corazón. Los cuatro escritos por el mismo Papa. Los cuatro tienen un común denominador: Jesús y los pobres.

El primero se titula El Gozo del Evangelio (Evangelii Gaudium). La esencia de este documento se resume en lo siguiente: No debemos encerrarnos sino salir al encuentro gozoso con los otros, particularmente al encuentro con los pobres de la tierra. Un mensaje que contrasta totalmente con el slogan de Trump “Make America great again (Hacer América de nuevo grande). Para el emperador sin corona, Estados Unidos debe aislarse dentro de un muro, consumir lo que produce, generar trabajo para sus hijos, los blancos, porque este país es de los blancos. Por lo tanto, hay que sacar a todos los ilegales, particularmente a los mejicanos y salvadoreños.

Trump proclama un nacionalismo a ultranza borrando de un plumazo la globalización que le ha dado tanta riqueza a este país. Como consecuencia, estamos viviendo el racismo más crudo, que se manifiesta no solo en la repatriación de miles de personas sino en asesinatos, cierre de puestos de trabajo, angustia de niños en las escuelas.

El segundo documento se titula La Alegría del Amor (Amoris Laetitia). Se trata de un documento largo de 264 páginas, prácticamente un tratado pastoral sobre el matrimonio y la familia, muy inspirado en el Himno a la Caridad de San Pablo. Parafraseando el himno, Francisco invita a la paciencia, a la comprensión, consciente que no siempre las relaciones son celestiales o que las personas son perfectas. Advierte sobre la importancia de no colocarse “en el centro”. Vale la pena leer y meditar todo el Cap. 4 para sacarle provecho al mensaje del Papa. 

El mensaje es bien claro para Trump, quien se ha divorciado dos veces y su tercera esposa, Melania, no parece que se encuentre muy en amores con él. Muy poco existe en este país la cultura de familia. Se le llama matrimonio a la unión de dos hombres sin que ninguno de ellos tenga matriz o a la unión de dos mujeres en donde una de las matrices sobra. ¿Por qué no llamar esta clase de uniones convenios o contratos?

El tercer documento es la famosa encíclica Laudato Si, Nuestra Casa Común, que considero es el más importante porque está orientado a salvar la vida de Nuestra Madre Tierra, de todos los seres vivos, no solo de los humanos. Es un compromiso de justicia, de amor, de paz. Si no nos comprometemos, nosotros seremos los primeros en desaparecer de la faz de la tierra. Un compromiso que beneficia en primera línea a los pobres, obligación que nos pone Jesús.

El primero de Junio de 2017 será recordado como un día de luto. Bueno sería que nos vistiéramos de negro o lleváramos al pecho un listón negro cada aniversario de este día nefasto. Trump, el emperador sin corona, decidió en contra del 70% de la voluntad del pueblo estadounidense, retirarse del acuerdo de París sobre el clima. Francisco le entregó la encíclica con una clara exigencia, respetar la voluntad de la mayoría de los pueblos de la tierra. Ahora, Trump tiene a su lado derecho a Bashar al-Assad de Siria y a Daniel Ortega de Nicaragua, quienes se han negado a firmar el acuerdo de París.

El cuarto documento está dedicado al Día Mundial de la Paz, el primero de enero de cada año, instituido por el Papa Pablo VI. Con ocasión de la celebración del 50 aniversario, Francisco inició su discurso con estas palabras: “Al comienzo de este Año Nuevo, ofrezco deseos sinceros de paz a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de gobierno y a los líderes religiosos, cívicos y comunitarios. Deseo paz a cada hombre, mujer y niño, y rezo para que la imagen y semejanza de Dios en cada persona nos permita reconocernos unos a otros como sagrados dones dotados de inmensa dignidad. Especialmente en situaciones de conflicto, respetemos esto, nuestra "dignidad más profunda", y hagamos de la no violencia activa nuestra forma de vida.”

Trump prometió en su campaña electoral no meterse en los problemas de otros países, centrar toda su actividad en Estados Unidos. ¡Parece bonito! El Papa al entregarle el documento de este año, le recuerda su compromiso con la paz. Sin embargo, Trump debe de tener un problema mental que le impide ser lógico en su pensamiento y guardar en la memoria lo que dice. Le ha dado rienda suelta a sus generales en Siria, está a punto de enviar tropas a Afganistán y el Departamento de Estado está metido hasta las narices en Venezuela.

A mí solo me queda pedirle a Dios que estos cuatro años de tortura para el mundo se acorten de alguna manera y el país se encarrile por la senda de la justicia y la paz.

Austin, Tx, 02 de junio de 2017


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